25 feb. 2012

L'àvia pirata de Geraldine Durrant & Rose Forshall

Lo que más nos gusta de la protagonista del cuento de hoy es que es una abuela. Y pirata. Y que tiene por mascota un cocodrilo, y un buen sable en vez de agujas de ganchillo (nada en contra del ganchillo). También nos encanta que tenga un temperamento fuerte, en casa manda ella. Y que lo dejara todo por amor, como en las películas románticas pero sin ser pegajosa. L'àvia pirata -también disponible en castellano- es un relato maravilloso sobre cómo vivir como te dé la gana. Todo un ejemplo a seguir. Aunque no recomendamos dormir con un cocodrilo bajo la cama. 



En este cuento, todo nos gusta. Nos gusta que Geraldine Durrant ganase con este personaje un concurso de la BBC para fomentar la lectura entre los más pequeños y que de ahí derivasen el presente álbum ilustrado y su continuación, L'àvia pirata a la recerca de l'or olímpic. Que se haya traducido al castellano y al catalán. Que la ilustradora, Rose Forshall, sea una estudiante y tenga un prometedor futuro. Nos gusta su estilo un poco canalla -si puede decirse así. Sus colores. Que sea el loro quien le ayude a limpiar la casa. Que Cor de Pedra, Dits Llargs y Navalla Esmolada navegasen con una chica sembrando el terror por los siete mares. Que a su edad la abuela siga haciendo a la perfección el triple mortal. 

Ingenioso, divertido y, sonará reiterativo, nunca habrá suficientes cuentos en los que se trate bien al cocodrilo. Os lo queremos recomendar como un ejemplo que puede suscitar varias opiniones saludables entre los más pequeños. A saber: a) el respeto a las personas mayores. No porque sean mayores dejan de ser molonas b) la igualdad piratesca entre hombres y mujeres y c) ese feminismo sano y sin discriminar. Aquí es la abuela quien lleva los pantalones, y quien defiende al pobre abuelo de los demás piratas. Y además, la abuela lee cuentos y los niños no se quejan. ¡Pero cómo no nos iba a gustar! 

Soñaré con que mi abuela también fue pirata. 


Detalles técnicos de la presente edición:
Publica: ELFOS
Traduce al catalán: Lluïsa Moreno Llort 

19 feb. 2012

Novelas: Idéntico al ser humano de Kobo Abe

Estamos de acuerdo en que esto es un blog de cuentos, pero también es un blog personal. Y ya advertimos que habría añadiduras de todo tipo, puesto que también es un blog sobre adicciones. Por eso, hoy hablaremos sobre una novela: Idéntico al ser humano, de Kobo Abe. Pero como en el caso del cine, no vamos a pretender hacer una reseña seria, ni mínimamente exhaustiva, o creativa. No presentaremos al autor, ya que la Wikipedia sigue existiendo gracias a Dios. Simplemente hablaremos de la experiencia personal. Porque ya lo hemos dicho: esto es un blog personal. 

Últimamente me suceden dos cosas: tengo muchas ganas de profundizar en la literatura japonesa (vetando como siempre a Haruki Murakami, al que no soporto aunque sea fan de Radiohead) y no me puedo resistir a los marcianos. Son dos cosas que nunca pensé que me pudieran gustar tanto, ni los melancólicos escritores japoneses (aunque Kobo Abe no acabó tan mal, ni se le puede llamar trágico), ni las historias interplanetarias. No obstante, Idéntico al ser humano no es un relato de ciencia ficción, sino más bien, lo que Abe quiso llamar en los 60 ficción científica. La suya, puesto que tiene un estilo tan personal que es difícil encasillarlo.

El planteamiento de la novela es bien sencillo: un emisor de radio se encuentra en plena crisis existencial al ver cómo están a punto de cancelar su programa "Hola, marciano" porque un cohete va a aterrizar en Marte. Pero un buen día recibe una inusual visita: un extraño personaje con pinta de vendedor que asegura que es marciano. Comienza una batalla dialéctica que es lo que en sí conforma la novela. Un tira y afloja cuyo único fin es despistar al lector y extirpar el concepto de existencia; un complejo entramado en el que se repite la duda de forma constante: ¿es marciano, o es un loco? Porque es idéntico a cualquier otra persona. ¿Cómo saber si no lo es? ¿Está usted seguro de que es terrícola y no marciano? No desvelaré la conclusión.

Sólo añado que Kobo Abe se suma a mi lista de escritores de los que hay-que-leérselo-todo, por la originalidad (aunque detestemos palabra tan manida): sólo necesita de una visita y una bizarra conversación para montar toda una novela. Y también por esas imágenes deliciosas que es capaz de recrear con palabras sencillas, como relatar la desolación del protagonista mediante expresiones como "morder un pastel de plástico", o esto: "Puesto que el espejo torcido sólo refleja imágenes distorsionadas, toda lógica se derrumba cuando proyecta una imagen correcta".


Ideas y lenguaje. Y cero automatismos de supermercado.







14 feb. 2012

Cuervo de Leo Timmers

Cuervo tiene un problema: es negro, tan negro que el herrillo, la cotorra y el pinzón le temen y no quieren ser sus amigos. Así que Cuervo tiene una idea. Coge unos potes de pintura y se colorea. Se trasviste de herrillo, cotorra y pinzón, en ese orden, pero su descomunal tamaño sigue asustando a los demás pajarillos. ¿Y qué pasa al final? Al final, los demás aceptan a Cuervo como mal menor. Porque creen que él, tan negro como siempre, ha sido capaz de ahuyentar a aquellos pájaros bizarros. Cuervo tal vez les explique el error, tal vez no.


Leo Timmers es un ilustrador afincando en Bélgica que nos ha conquistado por dos motivos: a) su dibujo (sí, vale, siempre es por el dibujo, ¿no?). Tiene un estilo muy de película de stop-motion que entra muy fácil (no sé que clase de comparación es ésta, disculpadnos). Y b) el humor de las historias y el poco complejo que demuestra como escritor. Porque analicemos el argumento un poco, que ya ha sido debate en alguna ocasión en la librería donde trabajo. Un Cuervo negro que es marginado por ser negro, muy negro. ¿Algo no les suena raro, no les alarma? Timmers parece ignorar la connotación peyorativa de la palabra negro. Al principio, cuando nos llegó el cuento, todos pensamos que aquello podía ser un poco escandaloso, un poco controvertido. Muy poco políticamente correcto. Pero leed el cuento y os diremos:





Que a Blancanieves la quiso matar su propia madrastra. Que también era una madastra la que convirtió a Cenicienta en esclava. Que Andersen mató de frío a su vendedora de cerillas. Que los cuentos no son políticamente correctos, porque los niños leen y entienden las palabras tal como se han escrito, no les añaden connotaciones ni descubren sentidos figurativos. De pequeña leí a Wilde despreciar a su madre en El niño estrella y no he salido trastocada, ni me he obsesionado por la belleza (he ahí la diferencia entre cuento y revista; dadle a los niños muchos cuentos, salvadlos). Eso es lo bonito: la inocencia respecto al lenguaje. Por eso Cuervo está triste por ser negro y dar miedo, porque es oscuro, distinto, sin una motita de color. Aunque al final es aceptado tal como es (bueno, hay una mentirijilla de por medio, pero qué más da). Lo bueno de los cuentos es que casi siempre llegan a buen puerto. 





Nos encanta Leo Timmers, qué más podemos decir. Es moderno, es atrevido, y es divertido. Va a gustar tanto a niños como a niños creciditos. Y si no, prueben.Visiten el portfolio en su web, que vale mucho la pena. Y si luego os apetece, nos lo contáis por aquí.




Datos técnicos: edita: Algar Editorial. Y traduce: Josep Franco Martínez. 






13 feb. 2012

Existencialismo de unos guantes de fregar

La aportación de la Señorita Feito al best-seller sobre guantes de fregar que algún día romperá en todas las librerías los límites de lo vendido por entes como Ruiz Zafón y cía. 

La Señorita Feito muy amablemente nos ha cedido esta imagen.

Esperamos que haya más colaboraciones futuras con la Señorita Feito, que es una joven ilustradora prometedora y muy brillante.

Visiten a la Señorita Feito.

Gracias.


10 feb. 2012

Aclaración sobre "Una casi historia de terror con ironía".

Una casi historia de terror con ironía es mi propuesta para un best-seller que se escribirá algún día sobre anécdotas relacionadas con guantes de fregar de goma, de estos típicamente verdes. Un best-seller que escribirán, publicarán y venderán libreros de verdad. No es una idea mía. Nació en una conversación con una compañera librera, la Señorita Feito, pero no recuerdo bien cómo. Cosas inexplicables de las grandes ideas.

La aportación de la Señorita Feito puede verse en su Flickr y es bien chula. Y también tiene un sinfín de dibujos chulos. Así que miren más cosas y disfruten.

Cliquen aquí, por favor. 

Gracias. 

UNA CASI HISTORIA DE TERROR CON IRONÍA


A mi hermana Sandra:
gracias por la inspiración.

         Mi hermana ha perdido su trabajo. En consecuencia, se la ve bastante deprimida, pero yo creo que es mejor así. Vaga por el salón en pijama de rayas y se detiene a saludar a la planta. Ya era hora de que tuviera un poco de tiempo para descansar y estar consigo misma, porque había perdido el control absoluto de la situación. Todos estamos de acuerdo en que necesita mucha paz. En las últimas semanas apenas se la reconocía: se había vuelto huraña, contestaba mal, se iba de casa sin cerrar con llave, ansiosa. Siempre iba despeinada, con el ceño tan fruncido que parecía que su cara estaba a punto de desmontarse. Se olvidaba de los cumpleaños de los amigos; metía los vasos en la nevera y gritaba en cualquier ocasión sin explicación. Dormía mal. Comía mal. Ocultaba algo.
         Puede parecer que la pérdida del trabajo en este mundo moderno y mecanizado sea motivo de infelicidad. Pero ha sido oportuno. Pues todas esas infracciones hubieran derivado en auténticos crímenes. Se encontraba en una situación peligrosa. Poseída.
         Sin embargo, no avancemos acontecimientos. Intentemos relatar los sucesos con cierto orden cronológico, para que esto sea un relato tradicional, de aprobado en el colegio.
         Todo comenzó cuando mi hermana estrenó su nuevo par de guantes de goma. Sí, puede parecer un hecho trivial. Pero de suma importancia en un hospital, donde se encargaba de la limpieza. Aquella tarde que los sacó nuevos de la bolsa de plástico, en la que todavía se leía el precio, dejó soltar un suspiro cansino. Uno más. Laboratorios. Le había tocado una vez más limpiar las dependencias donde se investigaban tumores; se hacían pruebas con distintos tejidos y órganos donados a la Ciencia; se cortaban y se pesaban restos; se dejaban bandejas y probetas repletas de deshechos. Fregaderos salpicados de sangre y jugos gástricos. El olor insoportable se escondía en las rendijas de baldosas y azulejos. Se respiraba una mierda aséptica, aislada, lo suficientemente marrana como para pesarle en el ánimo a cualquiera. Una tarde más. Aquí. Sé que hubiera preferido estar en cualquier otra parte, como millones de sus coetáneos.
         Lo lógico y natural es colocarse un nuevo par de guantes sin más, como mucho alargar el acto un par de segundos, no queriendo que llegue el momento de empezar a trabajar. No obstante, esta vez fue diferente. Esta vez, todo cambió. Primero los enrolló hasta acortar la extensión de la goma y pasó los dedos de la mano izquierda. Estiró y se lo dejó bien subido, justo por debajo del codo. Repitió la operación con la mano derecha. Se sintió tan distinta. Tan nueva. Realizada. Alzó las manos a la altura de los ojos. Por primera vez veía aquellas manos, dentro de aquella goma verde de textura de importación. Milagrosas. Tuvo la primera idea fantástica, el primer calambre: ahora podría hacer cualquier cosa.  Los guantes eran útiles para mi hermana, imprescindibles para su trabajo.
         Abrió de par en par la puerta del Laboratorio A, dejando el carrito con los demás enseres de limpieza atrás. Entró sola y dispuesta. Revuelta de intenciones. Pensando que sus manos eran armas, que era una revolucionaria, trabajadora oprimida momentos antes del alzamiento. Contempló los instrumentos que por allí danzaban: bisturíes, escalpelos, tijeras. Una balanza con sangre reseca. Una bandeja: una especie de medio gusano sobredimensionado, un pedazo de intestino. El suelo pegajoso. Dos papeleras repletas. Se asomó al fregadero y lo contempló con desagrado. Un ruido peculiar se le instaló en la frecuencia de pensamiento, distorsionando la razón y la obediencia.
         Se puso a limpiar. Con ahínco. Hizo desaparecer, por venganza, todo lo que le disgustaba. Absolutamente todo. Tenía el poder. Absoluto. Totalitario. En sus manos.
         A la mañana siguiente tuvieron que acordonar el Laboratorio A. Un accidente inesperado, dijeron. Supusieron que uno de los estudiantes había dejado la puerta abierta por descuido y habían desvalijado la sala. Se habían sustraído todas las muestras clasificadas. El Laboratorio A se mostraba limpio, pero ni rastro de productos, ni microscopios, ni enseres, ni papeles, ni ordenadores. Ni órganos, ni tumores, ni tejidos. Sólo quedó una silla y los muebles más grandes. Vino la policía y se intentó silenciar el desastre. Se trató la incidencia con total discreción. La pérdida ascendía a millones. Al día siguiente, mi hermana se paseaba por la planta de Oncología con su nuevo par de guantes ufana. No cuchicheaba con los demás, ni criticaba, ni se quejaba, ni comentaba qué vaya vergüenza, menudo escándalo. Estaba en paz. Nadie sospechaba. Nadie le vino a preguntar, aunque hubiera sido fácilmente comprobable que fue la última persona en entrar. No les pareció raro el estado de total complacencia que mostraba. Poco habitual en los seres humanos rutinarios.
         La cosa hubiera quedado así. Pero en cuestión de semanas, se acordonó el Laboratorio B por fuga de gas que derivó en cinco enfermeras de Rayos desmayadas. El Laboratorio C se cerró por inundación. Alguien se había dejado el grifo abierto toda la noche y por la mañana, al abrir la puerta, Mª Carmen, la responsable quedó empapada de arriba abajo, unos sesos a sus pies. Sigue de baja.
         El Laboratorio D fue la gota que colmó el vaso. Lo que trastocó la sonrisa en total desesperación. La Junta Directiva comenzó a investigar y mi hermana se vio acorralada. Se hicieron notorios los síntomas de enajenación. El Laboratorio D amaneció aquel miércoles de enero con una nueva decoración: una de las paredes ponía en letras bien grandes y un tanto separadas C A C H I T O S H U M A N O S. En un rojo escatológico: pudo comprobarse que era sangre. Un suceso macabro, rematado: el intestino desaparecido del Laboratorio A colgaba de la pared con unas chinchetas, así como un trozo de lo que parecía un riñón, un dedo y un ojo azul cobalto. El resto eran cachitos precisamente de otros órganos y tejidos que el público general no se vería capaz de identificar a primera vista. Una imagen perturbadora.
         La última en entrar la tarde anterior: mi hermana.
         Mi hermana, una persona dócil y entregada a su familia, que con su par de guantes verdes de goma se había convertido en una psicópata vengadora y enloquecida. Mi hermana había sido la ladrona; había provocado la fuga y la inundación, era la artista de la instalación C A C H I T O S H U M A N O S, un montaje orgánico. Inaceptable. Despido fulminante.
         No acabó entre rejas porque el hospital no quiso convertir el suceso en escándalo. Por eso creo que, en el fondo, ha salido bien parada ¿Tuvo motivos? No lo sé, quizá estaba harta. Pero estoy convencida de que los guantes tuvieron una influencia diabólica y paranormal en su ánimo. Goma insuflada de toxinas viperinas. En un estado normal, mi hermana sería incapaz de semejantes fechorías.  
         ¿La ironía? Contemplo con horror que el par de guantes no ha sido destruido, reposan en la cocina de mi hermana, junto al fregadero. Mi cuñado disfruta más que nunca de fregar los platos ya que con los guantes no se le estropean las manos. Los friega todos los días, al mediodía y por la noche. Yo sigo alerta, en cualquier momento alguien se puede revelar como un auténtico perturbado por culpa de esos malignos guantes verdes y, por si acaso, me mantengo alejada de ellos. Obra del mismísimo Diablo, no cabe duda. 

8 feb. 2012

Fragmentos Cinéfilos 1

¡Ta-cháaaan!

Hoy estrenamos sección de cine con un título tan sobado a la par que funcional como ¡¡Fragmentos Cinéfilos!!. No, tranquilos, ahora no nos ha dado por hacer crítica cinematográfica; bastante tenemos con reseñar cuentos de forma rayana a lo inmunodeficiente. Nos conformaremos con proponeros películas de vez en cuando, sin grandes explicaciones ni preámbulos. Como lo de comprar libros por la portada, el título o la primera frase.

Y empezaremos con If...  Dirigida por Lindsay Anderson, con el estupendo maravilloso -me encanta tanto- Malcolm McDowell (a mí es que me marcó tanto Alexander Delarge) en el subversivo papel de Mick Travis. Peli de culto, claro; somos tan postmodernas... Para los preclaros: terrorismo estudiantil para el alma.
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p.s: A Kubrick le molaba esta peli; ya sólo por eso, hay que verla.





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Death to the opressor!


3 feb. 2012

Ushakov y Antokolski descubren el coriñal


Animalario Universal del Profesor Revillod de Javier Sáez Castán & Miguel Murugarren

"El Animalario Universal que Usted, amigo lector tiene en sus manos, es un compendio de ciencia rigurosa y edificante diversión. Disfruten de esta selección de souvenirs zoologiques del profesor académico Revillod, según apuntes del natural recogidos por el sabio a lo largo y ancho de los cinco continentes".




Creednos, hermanos, el mundo está lleno de maravillas aún por descubrir: ¿Habéis visto alguna vez una ralina? ¿Sabéis lo que es una corfantuna? ¿O una celica? ¿Podías imaginar que el carmate es un "espécimen caprichoso de vida subterránea de las selvas de la India? ¿No, nadie? Mucho me temo que todavía no conocéis al ilustrísimo Profesor Revillod, autor de un magnífico y exhaustivo bestiario que recoge 4096 fieras diferentes. Ahí es nada. Como bien se indica en el volumen, nos encontramos ante una joya bibliográfica de la zootecnia moderna, un héroe de la ciencia. El descubridor del tafanrio, el kivario, la tasibeca o el perrofanca. Preparaos para ampliar vuestros conocimientos, nunca os habrá gustado tanto un libro de ciencias.

4096 fichas donde se describen de forma concisa y científica todas estas extraordinarias bestias y sus modos de vida, su hábitat y otras curiosidades.  Libro que os propondrá divertidos retos, como identificar los ochos animales de nombre más largo en el Animalario. Un práctico almanaque de bolsillo, una pequeña libreta de anillas, que nos podremos llevar a todas partes. Fabulosamente ilustrado por Javier Sáez Castán, un discreto pero magnífico creador.


Sáez Castán, danos un poco de tu talento


Lo cierto es que el Profesor Revillod sólo existe en la mente de este ingenioso artista, que tiene tres hijos y nos resulta la mar de inspirador (tampoco debería perderse uno su Soñario). Quizá Revillod no haya existido nunca y sus descubrimientos sean disparatados, pero quién sabe todo lo que pasó en el s.XIX y no ha perdurado en la memoria. Bien podrían haber existido las matunas hace miles de años y haberse extinguido como los dinosaurios. Quizá en otro planeta habiten los cesuarontes. ¿Por qué no creer? Lo bello de la ciencia es que no se acabará mañana, y mucho menos el arte. Sinceramente, por nuestra parte, Revillod seguirá siendo ese laureado profesor que se hizo una foto en Sumatra a lomos del carfante. Porque nos da la gana. Decidimos que en nuestro Universo particular (os recomendamos a todos tener uno), definitivamente sí existe. Y es tan aclamado como Darwin o Buffon. 



Nuestro amado Profesor Revillod


Hoy os traemos un libro para jugar y aprender. Fabuloso se mire como se mire. Aunque nos molesta que últimamente se haya hecho difícil de conseguir. Y por eso este post, para que nadie se olvide de esta obra que apareció en 2003. Desde aquí -por lo menos, dejaremos constancia- exigimos a Fondo de Cultura Económica que no deje de editar esta maravilla. Que todo el mundo debería tener y disfrutar. Que en realidad somos muchos los fans del Animalario; incluso tiene página de Facebook

Si lo llego a saber, me hubiera aplicado más en ciencias y números. Quizá pudiera haber obtenido una plaza en el Instituto Revillod de Basilea y ahora surcaría los mares buscando especies, describiéndolas y viviendo mil y una aventuras. Pero qué le vamos a hacer, me decanté por las letras.




Así que no me queda otro remedio... ¡Pronto volvemos!