27 abr. 2012

El rumor de Anushka Ravishankar & Kanyika Kini

Buenas tardes a todos.

Hoy tenemos una pregunta que formularos: ¿cuántas veces os han dicho aquello de "pero no se lo digas a nadie"? Bueno, en realidad, tenemos dos: ¿cuántas veces habéis sido capaces de mantener el secreto? Que nadie se sienta mal, que todos hemos fallado intentado ser una tumba. Y más cuando es una cosa tan jugosa como la que le pasó a Pandurang: una día, sin motivo aparente, tosió una pluma. Añadidle que vive en Baddbaddpur, un pequeño pueblo donde todos disfrutan contándose cuentos chinos (dice la traductora que de los que se cogen con palillos; descubrimo que en el original -perdón de antemano, la tiquismiquis traductora no sabe lo que se hace, esto es un paréntesis la mar de innecesario- son cuentos que unos puestos sobre los otros alcanzarían las estrellas. Pero sí, quizá una imagen demasiado bonita para decir que los habitantes de la aldea son unos cotillas). 



Recuperando el hilo...

El pobre Pandurang ignora que mientras él descansa, el rumor circula por el pueblo exagerándose con cada nueva versión. Y de toser una pluma, pasa a sacar por la boca tigres, monos y un bosque entero. Él que es un pelín misántropo y rehuye de sus conciudadanos, de repente, se encuentra a todo el mundo a las puertas de su casa expectante, querían ver el milagro y, de paso, tener zoo y circo gratuitos. ¿Os imagináis el desenlace?

Anushka Ravishankar empezó como no quiere la cosa, porque al parecer no encontraba ningún libro sobre cuentos de la Índia que pudiera leerle a su hija pequeña. Y se ha hecho un huequito bastante notable en el mundo de los álbumes ilustrados, sobre todo con historias de animales (por ejemplo, Tigre trepador). Con El rumor su mayor logro es acercarnos al folclore de la Índia, así como montar una historia divertida cargada de mucho trasfondo sobre la sociedad que nos rodea. Es que es una verdad como un templo: la gente es cotilla (especialmente creo que a nosotros nos va que ni pintado). Las ilustraciones de Kanyika Kini acompañan muy bien ese carácter tradicional e hindú del texto. Lo bonito de la Índia es que sea un país tan colorista; le da a uno una sensación de positivismo y fiesta permanentes. Os dejamos una imagen imprescindible (y esperamos que también con la intriga):

La zapatilla al fondo no estaba prevista. Mil disculpas.



Edita Juventud. Traduce Teresa Farran...

Anushka, hija, qué envidia nos da esa mesa. 



Y sí, la que se fue de la lengua SPOILER fue una mujer. Un cliché un poco sobado. Pero tampoco nos vamos a poner tiquismiquis con eso ahora. 

¡Volveremos! No dejéis de opinar. Y si alguien desea recomendarnos algún álbum ilustrado que reseñar ¡¡ATENCIÓN ESTO ES UN LLAMAMIENTO!! somos todo ojos. 


25 abr. 2012

Los libros tienen resaca

En primer lugar, quiero dar las gracias a todos aquellos -conocidos y no- que el lunes pasado tuvisteis paciencia. Y aguantasteis la cola, tanto para pagar como para que os atendieran. Que no os enfadasteis porque se había terminado una cosa, o porque no supimos encontrarla. Y que, además de todo eso, nos disteis la gracias por nuestra ayuda y nos dedicasteis un "muy amable". Aquellos a los que les solucionamos el regalo, o nos hicisteis caso al llevaros una cosa porque os la recomendamos haciéndonos libreros un poquito más orgullosos (sí, es nuestro ego librero, qué queréis). De todo corazón, gracias. A vosotros, va, os puedo perdonar esto...


Pero al resto de desagradecidos y maleducados, no. Al resto de ciudadanos que por Sant Jordi decidieron que tirar una cosa encima de otra, al suelo, o abandonarla en cualquier parte era aceptable, sí se lo voy a tener en cuenta. Porque veréis, creo que es mi obligación denunciar este hecho, que también es un reflejo muy feo de nuestra conciencia social. Os pregunto, ¿pero no os da vergüenza? ¿O pensáis que los libros volverán a su sitio por su propio pie? 

Veréis... Es cierto que mi trabajo es ordenar, recoger, atender, colocar, etc. Todos los días. No pasa nada si no recordáis de dónde sacasteis una cosa, o si me preguntáis por el libro rojo-grande-nuevo-que-ha-salido-ahora. Es mi trabajo, e intentaré hacerlo lo mejor posible, para que os vayáis contentos y yo también. Y nuestra relación sea satisfactoria. Pues alguien tiene que hacerlo. Y el librero es afortunado en una cosa: por lo general, es un amante de los libros y no le asusta ni le incomoda rodearse de ellos, ni de otros amantes de libros. Que vengan a miles. Me gusta mi trabajo a pesar de todo. No se dará en las mejores condiciones de contrato; no me pertenece nada; trabajo seis días a la semana; soy una subordinada más; me aprietan las tuercas como a todos vosotros, pero yo estoy tranquila, porque intento hacer las cosas lo mejor posible, y eso te deja muy tranquila. Y lo bueno es que los libreros no son de por sí vengativos:  no vamos a vuestra oficina a tiraros la pila de faxes al suelo, ni a vuestra a casa a coger vuestra ropa y dejárosla en la cocina. Ni mucho menos os cogemos del brazo por la calle y os exigimos cosas de muy malas maneras. Es muy desagradable que tu igual te diga: me parece inaceptable que patatín, patatán, que me hagas esperar, ¿y ahora tengo que hacer toda esta cola yo? Yo. Ese siempre es nuestro problema, y enemigo: yo, yo, yo, yo... ¿Y qué hay de ponerse en la piel de los demás? Los hay que lo hacen, sí. Pero lamentablemente la proporción de gente que sabe empatizar versus a individualistas que ni siquiera se molestan en disimular está muy descompensada.  

Entiendo que el descuento del 10% pone nervioso a cualquiera; que Sant Jordi es un día para estar eufórico... Pero, por favor, el año que viene recordadlo: una persona tiene dos manos y un par de orejas. Uno debe esperar su turno. Uno tiene derecho a resoplar si la cola es de más de 40 minutos, pero no tiene culpa el empleado que está sudando y que ese día va a pasar catorce horas de pie tras un mostrador o corriendo de aquí para allá para ayudaros. Que trabaja lo más rápidamente posible, que os atiende amablemente y aunque esté cansado, sean las 10 de la mañana o las 5 de la tarde, o las 9 y media de la noche, cuando ya supuestamente se ha acabado su jornada. Y recordad especialmente que la servidumbre se extinguió mucho antes de que naciéramos; que no tenemos derecho a maltratar verbalmente a los demás -y esto no sólo se refleja en los insultos, hay muchas formas de maltratar- porque no hemos sido previsores, porque estamos también cansados, tenemos prisa o porque hemos tenido un mal día, y porque no se nos ocurre otra cosa que hacer con nuestras frustraciones que pasárselas a los demás. Eso no es justo (y eso que a mí no me gusta dar lecciones morales). 

Que los libreros a veces no lo parecemos, pero también somos personas. Aunque seamos de cadena y con chaleco. Y necesarias. Creedme.

Gracias.

Y recordad... ESTO NO SE DEBE VOLVER A REPETIR (sé que al que no es librero no le duele quizá, pero insisto):

Esos huecos no sólo se deben a las ventas. Libros que habían sido arrancados de sus estanterías y  trasladados de país/sección brutalmente


Los libros siguen teniendo resaca aunque ya van recuperándose... 






19 abr. 2012

Historia de Nuk de Paloma Sánchez Ibarzábal & Natascha Rosenberg

Hay cuentos que al terminarlos, te dejan con una sonrisa de oreja a oreja. Es el caso de Historia de Nuk, a pesar de que empieza con una preocupación y una pregunta sin respuesta: ¿qué es Nuk? ¿Es una abeja, es una gota de lluvia? Sólo sabe que un día despierta y el viento la lleva muy lejos. Ve un sinfín de cosas que le gustaría ser, como un flamenco que surca los cielos. O una bella mariposa entre las flores. Pero parece que el destino que le espera a Nuk no vaya a ser tan feliz y, de repente, nuestra protagonista cae en las profundidades de la tierra. Donde debe esperar y esperar, hasta crecer y convertirse en un hermoso... 



¿Lo habéis adivinado? Esperamos que no y que eso os impulse a buscar/hojear/comprar el libro. O quizá ya sepáis qué es Nuk. Pero lo dicho antes, es una de esas historias que te alegran un poco el día. El cuento tiene el ritmo justo y necesario para atraparte, y las ilustraciones hacen el resto: uno siente empatía sincera por Nuk. A veces, es muy difícil saber quién y qué es una persona. A pesar de que conozcamos nuestro nombre. Aunque sean ilustraciones que a la vista parecen "muy para niños", no tengáis reparos, las apariencias engañan. El cuento es un gran trabajo por parte de ambas artistas. Es imposible que no os gusten esos colores. Y además, todos nos podríamos sentir identificados con la pequeña Nuk. Todos hemos hecho un alto en el camino y nos hemos preguntado: bueno, ¿ahora qué? Lástima que no nos pueda llevar el viento hasta nuestro destino real.


Pero parrafada aparte, un poco de información técnica sobre la obra:

Edita Narval, que esta primavera trae propuestas muy interesantes. El texto es de Paloma Sánchez Ibarzábal, que escribe una columna en la revista Culturamas sobre literatura infantil. Y que reseña y opina como nadie (¡ya quisiéramos!). Para muestra, un artículo aquí. Ilustra Natascha Rosenberg, que tiene más de diez años de experiencia y en cuyo Flickr uno se puede deleitar con sus múltiples trabajos. A nosotras nos han convencido totalmente. 

Un álbum fresco, primaveral, que ensalza bellos valores y que acaba con esa fabulosa imagen de la naturaleza. Un mensaje subliminal que conservar en la retina: uno debe empatizar con Nuk, con las flores, los flamencos, las abejas, los bosques, el viento... Y con las bellas historias, desde luego.


En cada final
hay siempre algo nuevo que comienza.
-Paloma Sánchez Ibarzábal

p.s. ¡Volveremos!


14 abr. 2012

Volver a Dostoievski

Antes de encontrarme en el camino con Mijáil Bulgákov, yo siempre decía que mi autor favorito era Fiódor Dostoievski. Pero si tuviera que escoger a uno de la troika decimonónica (nota de libro de texto: Tolstoi-Dostoievski-Turguéniev), sin dudar un segundo, seguiría quedándome con él. Al fin y al cabo, fue gracias a obras como El jugador y Crimen y castigo que introduje de lleno en la literatura rusa. Podría decirse que hoy ya una obsesión, uns enfermedad, una rusofilia permanente que no tengo ningún interés en curar.

Tenía un gran interés en leer Apuntes de la casa muerta por dos motivos principales: primero, porque es una de las pocas novelas que me quedaban por leer del autor y porque, probablemente, es la que más tintes autobiográficos contiene. Dostoievski se benefició de forma directa de la temporada que pasó en un presidio de trabajos forzados en Siberia. Y en segundo lugar, porque me parecía un buen antecedente a Archipiélago Gulag (libro que tengo unas ganas enormes de leer). Es curioso, parece inevitable para escritores en cautiverio acabar poniendo por escrito sus vivencias. Pero no entraré en este análisis, porque todavía no le he podido echar mano a la obra de Solzhenitsyn (NOTA: si me pongo muy repelente, pido disculpas).

Entonces...

¿Es horrible leer Apuntes de la casa muerta? No. Hay escenas bastante crueles y horrendas; hay mucha soledad y tristeza en sus páginas. Hay situaciones injustas e humillantes ante las que uno puede sentir cierta indignación. Pero definitivamente no. Por desgracia, entra en juego el factor distancia. Es una novela escrita en el s.XIX. E inevitablemente, puede parecer que nos relata cosas que sucedían en el pleistoceno, en un país muy lejano (pero no os equivoquéis, las apariencias engañan). Además, Dostoievski dio preferencia a las situaciones cotidianas de la comunidad que conformaban los presos, como si fueran una familia, una comunidad de vecinos hacinados en barracones, capaces de lo mejor y de lo peor, sobre todo, de lo peor. Y esto nos distrae bastante de la desesperación del convicto protagonista. Y lo reconozco: voy a tener que convencerme de que mi profesora de literatura rusa tenía razón cuando decía que no acababa de redondear sus obras, porque puede resultar un poco inconexa; hay pasajes maravillosos, y otros, bastante tediosos. También parece que se queda mucho en el tintero sobre el protagonista y narrador, que se centra en presos secundarios y los va rescatando por momentos, conformando una extensa radiografía de la miseria humana. Pero sin embargo, no acaba de rematar a ese hidalgo que nos confía su soledad y su martirio. Dostoeivski pone en evidencia que, para su sorpresa, los presos eran capaces de haber cometido los crímenes más horrendos y no sentir ni gota de remordimiento. Aunque, a su vez, no redime a su personaje protagonista (como curiosamente sí pasa en el famoso caso de Raskólnikov).

No obstante, y aunque no es la mejor obra de Dostoievski  -no se lo recomendaríamos a un principiante-, vale mucho la pena su lectura por todas aquellas descripciones realistas que tan certeras y válidas resultan. Se muestran caracteres que siguen siendo vigentes; vicios que no han pasado de moda, miserias que sí, todavía existen. No podemos negarlo, aunque aquí se nos presente en un formato que nos pueda parecer raro, ajeno. Quizá nunca nos veamos en un campo de trabajos forzados en Siberia. Pero los temas universales son precisamente universales. Y como narrador de la soledad es un maestro. Además, de vez en cuando, uno cae en una decena de páginas que lo atrapan y lo absorben sin razón alguna. Es el poder del lenguaje. Para los amantes de la estética, los lingüistas, puede resultar una novela muy placentera. Un ejemplo de que no es necesario pasarse con la floritura para ser minucioso. Para darnos con un dardo en la fibra.   

Es ideal para los que gustan de las novelas lentas, un tanto densas. Con todos esos pensamientos y sentimientos al descubierto. No para devorar, sino saborear. Se te queda en el paladar ese preso que se despide de los troncos de la empalizada antes de obtener su libertad. Del mayor abusón que obliga a otro que le pinte su casa porque quiere buscar esposa. De cocineros que comercian con la carne y el pan. De contrabandistas de vodka. Que nunca falte el vodka. Mujeriegos con grilletes. Siervos sentimentales. Hombres alienados que luchan por sobrevivir en una jungla de leones atrapados. Hombres que no desean dejar de ser hombres, a pesar de que se vean reducidos a la nada, a cero, a parias. Pero que despiertan simpatía. Como dice su autor, los rusos siempre ha sentido compasión y simpatía por sus presos. No sabemos si es verdaderamente cierto. Pero ahí queda. 

En fin, caviar para rusófilos. 



p.S: Esperamos no haberos aburrido en exceso. Pero nos apetecía escribir esta reseña. Y punto. 

12 abr. 2012

La pulga rusa de Gemma Martí O'Toole y Noemí Villamuza

Hoy venimos a presentaros una novedad que nos ha llamado mucho la atención por una cuestión de formato: La pulga rusa. Este cuento narra la historia de Polina, una afamada pulga acordeonista del circo de Jétov, donde trabaja de sol a sol por muy poco a cambio. Pero Polina decide un día decir basta y escapa de todas sus miserias, incitando con su gesto al resto de compañeros que también viven explotados por el malvado y ávaro Jétov.

No obstante, a pesar de que la historia tiene un carácter que nos agrada, como hemos dicho, lo que más nos atrae del libro es su forma. Pues es un libro singular que uno no abre de forma habitual. Ni siquiera a la japonesa. En la portada y en la contraportada ambas asas de plástico nos permitirán hacer lo siguiente:





Voilà!!! ¡Un acordeón!





El perfecto acompañante para nuestra artista rusa (se sabe que sentimos cierta inclinación por todo lo ruso).


De la historia de Martí O'Toole, diremos que nos parece una preciosa fábula que demuestra que uno no debe permitir a los demás traspasar ciertos límites. Que se ha de luchar por preservar nuestra integridad y nuestro arte, y no dejar que otros nos pierdan el respeto. Las ilustraciones de Villamuza trasmiten muy bien la tradición circense. Es un dibujo actual, muy bien detallado y coloreado. La ilustradora muestra su habilidad al combinar el bosquejo con el color y el mínimo detalle sin dar la sensación de que el dibujo esté incompleto; al contrario, en algunos casos le va perfecto para delimitar el primer plano del segundo (NOTA: esto así explicado no sabemos si se entiende, así que intentamos adjuntar una foto para ver si se aprecia un poco mejor. A nosotras, es que no moló su técnica).




Esta obra, introducida por un presentador, como bien debiera ser, pues el cuento también puede ser un espectáculo, está editada por la Galera y es la ganadora de 14º concurso de cuento infantil del Hospital Sant Joan de Déu. Despistadas no nos llevamos la versión original, por algún motivo imprevisto, así que por tanto, daremos como siempre crédito a la traductora, esta vez al castellano: Pilar Comín Sebastián.

Eso es todo. ¡Os esperamos! 

Por cierto, como Polina es tan rusa, y nosotras tan fanáticas de esas tierras, os dedica con todo su amor pulguístico lo siguiente, uno de sus grandes éxitos en el circo:






8 abr. 2012

Artista invitada: Detalles de un accidente de Elena Rufaco

Nuestra invitada de hoy es una fabulosa cuentista de la zona del Maresme. Le gustan las ideas extrañas y poner a sus personajes en situaciones inusuales y siempre comprometidas. Una prosa hermosa y una estética bien cuidada, como a nosotras nos gusta tanto. Por favor, no os perdáis esta historia, que en una palabra es simplemente FASCINANTE.

Mil gracias a Elena por cedérnosla.

***

Antonio lloraba ante lo que quedaba de su furgoneta, amontonado en un desguace bajo el sol crepuscular. « ¿Cómo me ganaré el pan a partir de ahora?», pero pronto se dio cuenta de que no estaba solo. Un cincuentón alto y delgaducho, que vestía un elegante esmoquin, observaba también la furgoneta, al tiempo que se frotaba la barbilla y murmuraba: « ¡Magnífico, magnífico!». Antes de que Antonio pudiera reaccionar, el desconocido se presentó: «Perdóneme señor, me llamo Sebastián ¿ese vehículo es suyo?» Y así empezó una larga conversación en la que Sebastián le contó, entre otras cosas, que era miembro de la «Asociación de Admiradores del Automóvil Siniestrado y sus Consecuencias en el Medio» (ASCEM) y que le felicitaba por el grado estético de destrucción alcanzado en su furgoneta. Antonio, que hacía tiempo que se había maravillado de los gestos caballerosos, la dicción elegante y la rica retórica del desconocido, se vio arrastrado a llevarle la corriente. Cuando acabó, le tendió una tarjeta de la ASCEM, y con una tierna sonrisa de dientes perfectos, Sebastián se despidió, no sin antes invitarle a la próxima reunión de la asociación que tendría lugar allí mismo al día siguiente.

     Aquella noche, mientras se recalentaba para cenar las sobras del día anterior, Antonio se rió del extraño personaje del desguace, sus ricos paños y su asociación de pacotilla. No obstante, cuando el sonido del reloj retumbó en las paredes desnudas de su pequeño piso, sintió una angustia muy familiar que le invadía con fuerza. «Bueno, me divertiré un rato, incluso podré reírme en la cara de don Sebastián», dijo entonces en voz alta, burlándose del refinado hablar de Sebastián.

     Cuando al día siguiente llegó al desguace, un grupo de unas veinte personas conversaban en la entrada haciendo grandes aspavientos. Por sus ropas y sus coches, Antonio se dio cuenta de que eran bastante solventes. Sebastián fue a su encuentro y se los fue presentando uno a uno, y todos lo recibieron con amplias sonrisas. Entonces Antonio sintió un agradable calor en el pecho, porque por primera vez en su vida le tenían en cuenta. Ya dentro del recinto, empezó una especie de tour en el que un señor vestido de frac y sombrero de copa ejercía de guía. Mientras recorrían el desguace, el del frac fue describiendo las circunstancias de los accidentes sufridos por algunos de los coches que allí se encontraban, deteniéndose en los detalles más morbosos: el número de muertos, la posición en la que fueron encontrados dentro coche, la descripción de las cicatrices, las amputaciones, las lesiones medulares... Antonio, abrumado, vio cómo a los asistentes les brillaban los ojos y se frotaban las manos, y una sonrisilla de satisfacción dominaba en sus rostros. De repente, Sebastián le llevó aparte para decirle que tenía que dejar todas las consideraciones morales aparte, porque ellos no podían hacer ya nada, y «qué había de malo en apreciar la belleza de lo que estaba ya consumado». Después de esto, Antonio decidió no abrir la boca, aunque no pudo evitar que una ola nauseabunda se retorciera en su interior ante «la belleza de las cicatrices y hematomas que se fundía armoniosamente con los restos carbonizados de un automóvil».

     Más tarde se sentaron en la mesa de un caro restaurante de la ciudad, donde los caballeros no pararon de agasajarlo, pidiéndole su compañía para comer y cenar, jugar al golf en tal y tal club, o presentándole a bellas señoritas que ni en sueños hubiera imaginado conocer. Antonio poco a poco sentía que pertenecía a aquel grupo, y los hechos extravagantes del desguace parecían no tener ya tanta importancia. Hasta que, en mitad de la cena, Sebastián agarró a Antonio y apretándose junto a él anunció que en esa misma noche se llevaría a cabo una exhibición en honor del nuevo miembro. De inmediato todos saltaron de sus sillas y empezaron a aplaudir y a vitorear a Antonio, el cual no cabía en sí del gozo, tanto, que casi no se dio cuenta de que era empujado hacia la salida y llevado al interior de una enorme furgoneta.

     Cuando salieron de la ciudad y prosiguieron por una carretera apartada, los hombres ya no podían parar de brindar, de reír y de cantar. Alguien exclamó: « ¡Ah, ya sé! ¡Vamos al puente!», seguido de varios «hurras». En medio del jolgorio, Antonio preguntó a Sebastián para qué iban allí, y éste soltó una sonora carcajada. No entendía nada, y Sebastián se lo explicó todo levantándose la camisa para dejar al descubierto una gran cicatriz que le cruzaba todo el pecho. Ante el estupor de Antonio, los hombres que le rodeaban empezaron a aplaudir y a quitase la ropa para iniciar una especie de competición para ver quién tenía la cicatriz más grande y la más virulenta. Sebastián se inclinó hacia Antonio, y con voz aterciopelada empezó a valorar cada una de las heridas, que se exhibían como si se trataran de brochazos de Van Gogh o Vermeer ejecutados sobres los cuerpos de aquellos hombres. Fue entonces cuando Antonio entendió su destino, y en vez de apartarse de aquellos hombres que tan bien le habían tratado y que le habían hecho olvidar su desgraciada vida, decidió admirar las heridas y felicitar a sus dueños.

     Cuando la furgoneta cayó, Antonio no sintió nada hasta que despertó, minutos más tarde, maltrecho entre un amasijo de hierros y un fuerte olor a gasolina. Miró a su alrededor, y entonces vio a Sebastián a su lado que le observaba con ojos de gato. Medio mareado, sentía como la sangre le brotaba a borbotones de su sien, y sus piernas le dolían mucho, aunque peor le había ido a varios de sus compañeros, que yacían muertos o mutilados. Se incorporó como pudo para apreciar mejor la vista, no podía desaprovechar esta oportunidad que el destino le brindaba, y finalmente, tras varios minutos de ávida observación, exclamó: « ¡Magnífico, magnífico!».


http://calaveradecaballo.blogspot.com 

6 abr. 2012

Selma de Jutta Bauer

Queridos amigos, tenemos una pregunta que haceros: ¿Qué es la felicidad?


(Os dejamos un tiempo para que lo penséis). 


Ya.





Algunos -imaginamos- no sabréis qué contestar. Nosotras nos incluiríamos en esta categoría. Por eso, no has venido muy bien la lectura de Selma, de Jutta Bauer, reconocida ilustradora alemana que nos ha cautivado con su sentido del humor y sus historias tan certeras. 


La historia de Selma comienza con un perro que se pregunta justamente qué es la felicidad. Por eso, decide visitar al Gran Carnero, quien le explica la vida de Selma. Una oveja que se dedica a pastar, a hablar con sus hijos, a ejercitar un poco las piernas (vapuleando siempre al lobo de forma hilarante), a charlar con la señora Buitráguez y dormir plácidamente. Y así todos los días. En un ocasión, le preguntan qué haría si tuviera más tiempo. Y Selma contesta que pastaría, hablaría con sus hijos, con la señora Buitráguez,  haría un poco de gimnasia y dormiría. Eso sí, le dedicaría por supuesto más tiempo a cada actividad. Entonces, le preguntan qué haría en el caso de ganar la lotería. Decidnos, ¿vosotros qué creéis que haría? 





Jutta Bauer nunca tuvo la intención de publicar la historia de Selma. De hecho, la concibió como un pequeño cómic que regalar a sus amigos más íntimos por Navidad. Pero la insistencia de uno de ellos (desde aquí, ¡gracias!), se tradujo en este pequeño álbum (más pequeño que una foto 10X15) que tiene mucho que enseñarnos. Toda una lección de paz para la mayoría de los que llevamos una vida de estrés y nos preocupa de forma constante no estar aprovechándola al máximo. ¿Por qué? Quizá porque pensamos que el objetivo es obtener el éxito, ganar un buen dinero, hacer algo que nos haga destacar, algo lo suficientemente pomposo para que pueda catalogarse como algo que nos realiza y nos completa. Pero... ¿todo eso nos haría felices? Selma reivindica -con humor- la felicidad de las cosas sencillas. Es algo que muchos libros reivindican, pero sin ejemplos tan palpables y graciosos. Realmente, ¿nos cambiaría tener más tiempo, ganar la lotería? Uno se apresta a decir que sí. Pero, ¿acabaríamos haciendo cosas tan distintas de las que hacemos ahora? Obviando los viajes que nos pegaríamos, las cosas que nos compraríamos y los sitios bonitos y caros adonde iríamos, ¿dejaríamos de hacer cosas que nos gustan hacer ahora? 


Jutta posa junto a Selma



Hay que ser un poco Selma en esta vida. Por eso, hemos meditado y llegado a la conclusión de que leer cuentos, ver películas, escuchar canciones y hablar con los amigos, incluso publicar este blog, nos proporcionan momentos realmente felices. Si tuviéramos más tiempo, no dejaríamos de hacerlo. Quizá, nos dedicaríamos más a ello.  


NOTA 1: Leer Selma sólo os supondrá 5 minutos de vuestro tiempo; 9 euros; sabiduría y varias sonrisas. Un libro de autoayuda os tomará mucho más tiempo; tendrá segunda parte y cuaderno de ejercicios; será abstracto; seguro que es más caro y os hará decir cosas extrañas sacadas del libro (sin que os deis cuenta).





NOTA 2: La editorial Cuatro Azules publica Selma. Traduce Moka Seco Reeg. 




NOTA 3: ¡Sed felices y hacednos felices con vuestros comentarios! Decidnos, ¿vosotros sabéis qué es la felicidad? 



4 abr. 2012

Fetichismos de portada I

Inventar una y mil secciones para ir nutriendo nuestro pequeño espacio en la red. Esta vez, con una deformación profesional de libreras: ¿seríais capaz de comprar libros por sus portadas? Nosotras creemos que sí. 








Y nuestra favorita:  



2 abr. 2012

Hoy es el Día Internacional del Libro Infantil...

Así que por vuestra salud mental, daros el gusto de leer algún cuento "para niños". Os dejamos algunas propuestas, algunos de mis cuentos favoritos cuando era niña. 

El niño estrella, de Oscar Wilde. 

Vasilisa la Bella (cuento popular ruso, donde sale Baba Yaga). 

Riquete el del Copete, de Charles Perrault.

El traje nuevo del emperador, de Hans Christian Andersen. 

¡Disfrutad! 




1 abr. 2012

Zog de Julia Donaldson & Axel Scheffler

Hoy empieza de forma oficial el mes más temido por todos los libreros en Cataluña: abril, sinónimo del Día de Sant Jordi. Si hay un tipo de cuento que prolifera este mes en las librerías, un álbum que podríamos llamar estacional, es todos aquellos libros dedicados a la leyenda de Sant Jordi. Siempre la misma trama, el mismo final, y los mismos personajes. Siempre el dragón es el malo y el caballero Jordi acaba matándolo y de la sangre se forma una rosa. Un auténtico rollo. De hecho, hay editoriales que ya no se molestan en actualizar los diseños y cada año por estas fechas reeditan el mismo libro. No obstante, nosotros hemos encontrado una perla entre los libros dedicados al peligroso triángulo princesa, dragón y caballero: Zog. Un dragón muy entusiasta, y un poco torpe. Un dragón que nos ha caído muy simpático. 



Zog tiene una ambición: ganar una estrella dorada en la escuela para dragones. Es un alumno muy aplicado, pero con bastante mala pata. Aprende a volar y acaba estrellándose contra un árbol. Practicando el arte de quemar, se quema una de sus alas. Cuando ruge sólo consigue que le dé tos. Es decir, es un poco gafe. Por suerte, conoce a una misteriosa princesa que le cura y le cuida y que encima se deja raptar para que Zog apruebe el curso y consiga la afamada estrella dorada. Hasta que un día (esto es un añadido de la traducción catalana aprovechando las fechas), Sant Jordi viene a matar dragones. Zog se alegra, puesto que así puede poner en práctica las técnicas de combate aprendidas en la escuela. Pero la princesa difiere, no le gusta demasiado la violencia... Así que el cuento tiene un final bastante edificante: resulta que Jordi quiere ser enfermero y la princesa médico ambulante y, Zog, que por fin ya sabe volar, se presta como medio de transporte. Ni rosa, ni muertes, ni padres que ponen precio a la mano de su hija. Por lo que si alguien se ve en la necesidad de comprar un libro para niños por estas fechas explicando el mito, os aconsejamos este. Este promulga la amistad y la solidaridad. Y además los dragones son divertidos y coloridos.

Quizá Zog no sea la colaboración más conocida entre Julia Donaldson y Axel Scheffler (equipo mundialmente famoso por El Grúfalo), pero como parodia del mito nos ha gustado mucho este álbum. Y además nosotras somos muy fans del dibujo de Axel Scheffler, como ya os comentamos aquí (también sale alguna ardilla juguetona por ahí). 



Leedlo y difundidlo. No os vais a arrepentir.


p.S: Publia Macmillan. Traduce y adapta al catalán (ya que es la versión que hemos leído, no dejaremos de mentar al traductor): Pau Joan Hernández.

p.S.2: Y a todos los libreros, ¡mucha suerte este mes!