30 ago. 2012

Ge + De

Quisiera compartir con vosotros un cuento al que le he estado dando vueltas durante las últimas semanas. Se trata de un ejercicio, una experimentación estilística. Y la historia de amor de Ge y De. 

Que tengáis una feliz lectura. Gracias por vuestro tiempo. Y si os apetece, agradeceré enormemente vuestra opinión. Dejar comentarios es gratuito ;)


Más reseñas en breve,

Jen

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Cuando Ge se murió, o quizá partió, De siguió preparándole la cena. Todos los días, a las diez menos cinco exactamente, le colocaba el plato en la mesa frente al suyo. Y se sentaba a contemplar la silla vacía. No siempre tenía la misma reacción ante la ausencia de Ge: a veces, cuando creía que había muerto a causa de la enfermedad, se echaba a llorar y entonces no probaba bocado. Otras, cuando De pensaba que Ge se había ido porque su amor se había terminado, se enfadaba de tal forma que empezaba a soltar improperios y acusaciones que llegaban tarde. Otras veces tocaban los días buenos, se encogía de hombros y se concentraba en el plato, con resignación. Incluso pensaba que pronto volvería. Que a pesar de todo se querían lo suficiente como para tener este tipo de altibajos y superarlos. Muchas veces se sumergía en pensamientos oscuros y no sabía bien por qué persistía ante aquella silla vacía. Qué sentido podía tener la vida si Ge no estaba a la hora de cenar, comentando las últimas noticias con pasión, indignándose porque al vecino se le había vuelto a romper la bolsa de la basura en el rellano y no lo había recogido; Ge hablando de su madre, del trabajo, de que se quería comprar un tocadiscos. Ge diciendo que tenía que ir al médico pero no quería. Ge quejándose de aquella casa, de aquella ciudad, de De. Y De sonreía, reía, asentía y hacía ver que escuchaba con atención. Pero sin prestarle demasiada. Porque lo daba todo por hecho. De siempre en su mundo. Imaginándose protagonista de múltiples fantasías. Sin demostrar lo mucho que quería a Ge, sin disfrutar al máximo de cada momento, minuto; sin registrar del todo lo que salía de aquella boca tan deseada. De, tan poco pasional.
         Y ahora la soledad pesaba tanto como un plato a la hora de cenar. Quizá era llevadera, pero todos los días estaba ahí y humeaba.
         Nunca se dio cuenta de cuándo empezó a dejar los platos de Ge en la mesa, por si volvía con hambre una vez que De se hubiera acostado. Incluso apiló uno sobre otro durante una semana. Por ejemplo, un día puso la ensalada sobre un trozo de pizza reseca y enmohecida. Así hasta llenar la mesa. Así hasta quitarse el sitio de su propio plato. De le ponía el plato de la cena a Ge, pero nunca lo recogía. No vaciaba el contenido. No lo fregaba y lo guardaba en la despensa. Prefería no darse cuenta de que prepararle la cena a Ge era un despilfarro innecesario.
         Cuando se le acabó el espacio en la mesa, empezó a ocupar el suelo inmediato. Un día no tuvo más remedio que ir al supermercado a por más platos y otra cubertería. Más vasos, nuevas servilletas de tela. En cuestión de medio año, había ocupado todo el espacio de la cocina, que apestaba y estaba llena de moscas y otros invertebrados más repulsivos. Saltaba entre los platos para llegar hasta la nevera y llenarla con comida para dos; saltaba entre las sobras intactas de antiguas cenas para volver a encender los fogones y cocer pasta para dos; saltaba para salir de allí y meterse sin compañía en una cama para dos. Pero renunciaba a que la marcha de Ge fuera irreversible, pues creía en la Resurrección de la carne y confiaba en que Ge recapacitaría y echaría de menos su antiguo hogar. Todo esto le impulsó a invadir el pasillo con nuevos platos para Ge. Sus platos favoritos.
         Pero pasó un año más y también ocupó sin piedad el salón, el baño, el cuarto de invitados y las mesillas de su habitación. El olor era bastante insoportable; el cuadro, un bodegón en honor a la enajenación. Muchos fueron los vecinos que se quejaron, familiares y amigos dejaron de visitar a De por si acaso. Porque seguía creyendo con un fervor inigualable en el regreso de Ge. O quizá De los expulsó de su vida cuando quisieron meterle entre ceja y ceja un poco de razón. Pero no soportaba ese «Hazte a la idea de que no va a volver». Ge, su gran amor. Le parecían malignas insinuaciones por parte de los que creía sus allegados, así que les prohibió el paso a su fortaleza de comida podrida, donde la abundancia se medía en platos sucios y apestosos.
         De siguió hasta que ya no quedó espacio ninguno para pasar entre los platos. Tantas tortillas había aplastado que ninguno de sus zapatos lucía limpio. Se deshizo de muchas pertenencias para seguir preparándole la cena a Ge: libros, ropa, mantas, todo lo que albergaran los cajones de su casa; metió platos en la bañera y dejó de ducharse. Y no paró, hasta que a su alrededor sólo había montañas de platos en falso equilibrio. No paró hasta meter más de mil doscientos platos en aquel piso. Y cuando una vez se mareó por el fuerte olor y tropezó con una gigantesca columna de platos rancios, se dio cuenta de que habían pasado más de tres años.
         Y Ge no había vuelto.
         Cuando recuperó la conciencia, un pensamiento se disparó de su boca:
         —Así cómo va a volver. Qué asco doy.
         De decidió que limpiaría. Que sacaría toda aquella inmundicia del hogar donde tanto se habían amado y ahora solo había platos sucios para tapar la desesperación y un corazón roto. Pero lo enmendaría. De volvería a ser aquella persona capaz de enamorar a Ge. Volvería a comportarse como un ser racional y civilizado, que friega los platos después de cenar y ve a los amigos.
         Y así volvería Ge.
         Por si acaso, compraría una ouija; quizá buscar su tumba y llevarle flores todos los días. Y vivir en el recuerdo de aquellos días tan felices. O podía hacer la maleta y descubrir adónde había partido Ge. Presentarse con un ramo y de rodillas pedir perdón por lo que fuera. Y vivir nuevos días felices.
         Porque lo cierto es que De nunca se enteró del todo bien de aquel capítulo tan importante en su vida; no tuvo tiempo para pelear por aquella persona tan especial; no era capaz de comprender por qué, ni de encontrar un motivo coherente. No recordaba cómo había muerto Ge, o cómo y por qué se había marchado, si había sido a escondidas mientras De estaba trabajando o durmiendo plácidamente. O si vio como Ge salía por la puerta y De no fue capaz de impedirlo por tonto orgullo.
Sólo sabía que Ge ya no estaba.
Y De se había sumido en la miseria.
         Recuerdo perfectamente el día que De decidió emprender su búsqueda y poner en orden su vida. Decidió dejar la casa bien limpia. Se deshizo de toda la basura: ocupó más de veinte bolsas de plástico y bajó todos los platos sucios haciendo un ruido de mil demonios.
         Desinfectó la casa. Retiró las cortinas, las fundas de los sofás. Tiró los manteles apolillados. Los trapos viejos. Las sábanas mancilladas con gratén carcomido. Pasó la fregona, la escoba, limpió los cristales. Rascó entre las juntas de las baldosas, los fogones, un montón de ollas. Vació la nevera, llenó el congelador y el armario de provisiones por si las moscas. Y por último, pintó las paredes de un color crema. Muy elegante.
Cuando hubo terminado, De tomó un baño y se vistió con la ropa que más le gustaba a Ge; por suerte, no había tirado la cazadora amarilla ni los zapatos plateados. Así era De en realidad, un poco futurista. Y preparó el equipaje para emprender una larga investigación, lo que hiciera falta para encontrar a Ge: agenda telefónica, mapa, guía de Europa. Se compró una brújula, sacó todo el dinero del banco y se hizo una tarjeta de crédito. Haría lo imposible, aunque significase tener que pasar al Más Allá, aunque tuviera que recorrer la Tierra tres veces a pie. Libros, el diario de Ge, su partida de nacimiento. Una mochila pequeña. Y además la fe. Una fe ciega y absoluta. De iba a encontrar a Ge.
         A la mañana siguiente, De atravesó el umbral de casa, cerró con llave. La vecina de al lado esperaba en el rellano con cara de asco y los rulos puestos. Lo que dijo no fue agradable de escuchar, así que De hizo caso omiso. No era momento de reproches y faltas pasadas, ni de destacar el poco civismo que había mostrado. Se cargó al hombro la bolsa e inició un descenso con paso seguro, firme. Abrió la puerta a las 10 un lunes. Un autobús pasaba precisamente en ese momento por su calle. Estaba a punto de detenerse en la parada a unos cien metros.
         El sol brillaba. Olía a ciudad.
         De no lo pensó un momento. Decidió subirse. Pagar el billete, sentarse en la ventanilla y espiar a los demás durante el trayecto. Observar. Iniciar su viaje sin retorno.
 Tras Ge. Porque Ge era todo. Y nunca lograría superar su muerte, o su partida, si no conseguía dar con su paradero y saber qué le había pasado.
         Quizá encontró a Ge.
Quizá no. 



27 ago. 2012

King Kong de Anthony Browne

Queridos adictas, adictos: 

Estamos aquí reunidos para presentaros un "remake" en papel, el de King Kong a manos del ilustrador británico Anthony Browne. O la historia de cómo la Bella sedujo a Kong. Un monstruo prehistórico temible, capaz de derribar dinosaurios y reptiles voladores y, sin embargo, enamorado hasta el tuétano de una actriz oxigenada*. 


Aunque Browne asegure que el verdadero Kong era su padre (no sabemos si eso es bueno malo), y aunque no sea ni su personaje ni obra principales, este álbum ilustrado es una buena adaptación de la película y Browne expone con creces la fascinación que ha sentido por los simios a lo largo de su carrera. Como el autor, a nosotras nos cae bien la Bestia y el final nos resultó muy trágico y triste. Sin embargo, uno debe sobreponerse y pensar que, por suerte a veces, la ficción es sólo ficción. Y nos parece un trabajo estupendo para acercar -quizá- a los niños a la fantasía y el cine (entendiendo la película de 1933 de Cooper y Schoedsack, no la paranoia sosa y exagerada de Peter Jackson).

Tenemos un temor en nuestro corazón cinéfilo: hoy muchos niños no quieren ver películas, no aguantan más de media hora en el mismo sitios sentados (y con suerte) ante una pantalla, si no es la del smartphone, el messenger y otros aburrimientos generalizados. Antes de que se extinga la afición por devorar películas, por favor, ayuden a la infancia a contagiarse con la cinefilia.




Un aplauso para el trabajo de Browne, que resulta tremendamente divertido aquí y allá con sus guiños zoológicos. Ayudemos a los niños a conocer los verdaderos iconos. King Kong es uno. Y este álbum podría ser una buena lectura en la escuela para introducir a los niños en la fantasía, la ciencia ficción y el terror. Sí, todo en uno. 


Y como ven, las ilustraciones son tan fantásticas como cinemáticas. 


*= Anthony decidió que su Ann Darrow iba a ser como Marilyn, que para eso es su cuento. Es comprensible, aunque Fay Wray fuera guapísima.






p.s: Como siempre... Edita Fondo de Cultura Económica. (c) de la traducción (esta vez al catalán): Jordi Pujol. (c) adaptación del guión: Merian C. Cooper



23 ago. 2012

Casa de muñecas y cabezas en lavadoras...

Con motivo de la publicación de Casa de muñecas de Patricia Esteban Erlés, que viene ilustrado por Sara Morante, la editorial Páginas de Espuma ha organizado un concurso de microcuentos. Un reto de 200 caracteres que debe empezar con la frase "La cabeza del hombre que amó da vueltas en el interior lavadora". Un reto que dejamos a los valientes, porque nos hemos pasado bastante de caracteres, me temo. Pero la frase nos dio la idea, la imagen, y en este día bochornoso querríamos compartirla con todos vosotros. 

p.S: El plazo de entrega es hasta el 1 de septiembre. Todo bien explicadito aquí

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La cabeza del hombre que amó da vueltas en el interior de la lavadora, en la espuma roja. Sofía la mira hipnotizada y le parece que así resulta tan artificial y trágica como una Nancy decapitada. Interrumpe su ensimismamiento un leve carraspeo. La mano derecha del hombre que amó se reajusta la corbata:
—Entenderás que tenía que centrifugar los recuerdos. 
Sofía no puede evitar quedarse embobada ante aquella aparición. No sabe qué decir, perpleja ante figura tan estupenda. El hombre que amó se conserva bien a pesar de todo. Y Sofía se pregunta si una vez tendida su cabeza sobre los hombros, le apetecería ir a tomar un café con ella al bar de la esquina. 


21 ago. 2012

Fragmentos cinéfilos 4: Un profeta de Jacques Audiard

Recuperamos nuestra particular sección de cine para comentaros la película que más nos ha impactado este abominable caluroso mes de agosto (con los respetos de Nolan): Un profeta, del cineasta francés Jacques Audiard. Aunque no somos expertas en género-subgéneros, posiblemente sea la mejor película de presidiarios que hayamos visto en mucho tiempo (si no la mejor).

Es una película bruta, sin aditivos ni golpes de efecto innecesarios. Con escenas muy impactantes. Sobria. Que trata sobre la droga, la mafia, la sumisión, la redención, la capacidad que tiene el ser humano de hacer el mal y de adptarse a situaciones aciagas. El antihéroe de esta película, Malik (Tahar Rahim), no es ni loable ni detestable, simplemente es un parte más de la realidad, una persona que ha tomado las decisiones más equivocadas del mundo, que se topa en la cárcel con gente inadecuada y que vive a su manera, o mejor dicho, un poco como puede. Porque a veces la vida te lleva a callejones sin retorno. Y uno debe actuar en consecuencia.

Simplemente: chapeau. Cine top class made in la France. 














19 ago. 2012

Estaba oscuro y sospechosamente tranquilo de Einar Turkowski

A Einar Turkowski lo descubrimos hace unos meses y lo reseñamos por primera vez aquí. En ese momento, nos quedamos admiradas al descubrir que su carrera había dado inicio con un trabajo académico, cuyo título nos parecía una idea genial (sí, somos de las que compran libros si el título nos parece ingenioso): Estaba oscuro y sospechosamente tranquilo. El álbum que nos ocupa hoy. 



Einar tiene una virtud como narrador: la capacidad para mantener el misterio hasta el final, de no resolver ciertos aspectos de la intriga, pero de dejarnos totalmente satisfechos y con la sensación de que, en realidad, sabemos la respuesta. Einar nos hace sentirnos un poco más sabios. Eso, y que siempre elige historias que evidencian lo absurdo que podemos resultar, que muestran aspectos horrendos de la humanidad. Pero luego añade ese personaje solitario y misterioso, de origen desconocido, que es la antítesis de todos nuestros defectos. El ejemplo a seguir. Pero un ejemplo real, sin tufo a héroe. Sin moralina. Sin lección impertinente. Simplemente narra unos hechos, si lo quieres lo tomas, o lo dejas. Son historias para pensar. Sinceramente: es un narrador maravilloso. 

¡¡¡SPOILERS EN EL SIGUIENTE PÁRRAFO!!!

Estaba oscuro y sospechosamente tranquilo cuenta cómo un forastero un día amarra su barco en una playa y ocupa una casa abandonada. La ciudad entera entra en el delirio de espiarle para descubrir qué hace allí el desconocido y a qué se dedica. La sociedad, siempre tan dada al control y la crítica. El hombre sigue tranquilamente con su actividad: caza nubes que llueven peces. Cuando se descubre el pastel, los envidiosos habitantes sienten la necesidad imperiosa de imitarlo. No satisfechos con robarle la idea, lo desprecian y le impiden integrarse en la comunidad porque les puede la envidia y el miedo. Cuando no son capaces de conseguir los mismos resultados que el forastero, deciden expulsarlo de la ciudad. Se sienten atacados por su sola presencia. Y aunque el hombre desea compartir los peces, ellos no soportan la idea de que él sea capaz de sacarle partidos a las nubes. Él, una advenedizo, usurpando  algo que consideran suyo por derecho. 

Pura delicatessen


Pensad un poco en la sociedad en la que vivimos, en las fronteras que hemos impuesto. En lo que consideramos nuestro por proximidad. Pensad también en que todos somos personas y de muchos tipos. En el miedo y el recelo que nos produce lo que no conocemos. Pensad que es algo absurdo. Que todos somos biológicamente iguales, miembros de una misma especie. Pensad: ¿y si fuerais vosotros los que un día amarráis vuestro barco en una playa muy lejana? Que tenéis una habilidad específica. ¿No os gustaría trasladarla allá donde estuvierais? ¿No os molestaría que los oriundos os pusieran trabas, no os aceptaran? Que os robaran la intimidad, que opinaran. 

El hombre se marcha al fin de esa playa. No pensamos que por presión, porque al hombre los ciudadanos le importan un rábano. Es así de valiente. Así de independiente. 

La sociedad se ha organizado de forma estúpida. A veces creo que formar parte de un colectivo puede llegar a atontarnos de tal forma que es sinónimo de anulación absoluta. Y admiro a los hombres tranquilos, que dependen de sí mismos y dominan el arte de cazar nubes. 

No os impondremos que lo leáis, pero además del texto, Turkowski es un maestro de la ilustración. Estaba oscuro y sospechosamente tranquilo tiene un toque muy steampunk. Mucha máquina e instrumento bizarro. Siempre en riguroso blanco y negro. Y con elementos imposibles que ojalá existieran. 




Esperamos haber convencido a alguien. Y pronto nos leemos.



p.s: Edita El Zorro Rojo. Traduce: Marisa Delgado. 


17 ago. 2012

Mao y yo: El pequeño guardián rojo de Chen Jiang Hong

Queridos camaradas:


Puesto que están tan en boga los revolucionarios últimamente, y ya que es un tema que nos encanta, no podíamos dejar de incluir en nuestros repasos a álbumes ilustrados este voluminoso libro rojo: Mao y yo, del artista chino Chen Jiang Hong (su nacionalidad era obvia, petardas).



En 1966 Mao inició la Revolución Cultural en China. Resumiendo debidamente el concepto, se trató de una "limpieza intelectual" entre los altos cargos del partido, la burguesía, los artistas y pensadores. Es decir, cualquiera que no tuviera un pensamiento político correcto, que era sinónimo de no tener alma, era un contrarrevolucionario y enemigo del Estado, como anunciaba el Libro Rojo, de obligada lectura en la escuela. Mao inauguraba así una etapa de gran represión y censura. 

Chen Jiang Hong vierte en grandes acuarelas sus recuerdos de la infancian en una pequeña ciudad china a finales de los 60. El salvajismo del Partido Comunista Chino a través de los ojos de un niño que no entendía bien qué estaba pasando. Un niño que crece en la pobreza pero feliz de estar rodeado de sus familiares. Un niño que debe acostumbrarse a la violencia social, como cuando un amigo de su abuelo es detenido, acusado de capitalista y avergonzado delante de todos. Lo mismo le pasa a la señora Liu, que le daba caramelos y tenía muchos libros. Un niño que ve cómo su padre debe partir a un campo de reeducación sin fecha de retorno. Al que obligan a formar parte de la pequeña guardia roja. Al que lo primero que le enseñan en la escuela es que Mao es su estrella salvadora. El dolor de perder a su abuelo, gran referente ante la ausencia del padre. Recuerdos tristes, pero también bellos y únicos, como todo en la infancia: el niño extasiado ante el olor de la tinta el primer día de colegio; jugando a las canicas; cazando libélulas; contándose cuentos con los amigos de la calle al anochecer. Retratos de una clase de infancia que ya no existe. 

Y es que lo que siempre obvian los textos revolucionarios es cómo van afectar los cambios sin precedentes a la vida cotidiana. Qué pueden significar para un niño que sólo quiere jugar y aprender y todavía no está en edad de querer cambiar el mundo. Cómo será todo para la gente tranquila que solo quiere vivir en paz. Para los que no van a estar de acuerdo. Para los que apuntarás con el dedo. 


Bello. Y controvertido.

Edita Corimbo. Tradujo Anna Coll-Vinent. Chen Jiang Hong vive y trabaja en Francia. En la contraportada agradece el apoyo a la CNL y su equipo jurídico. Y utiliza una técnica de tinta china sobre papel de arroz, además de la acuarela. 

Chen Jiang Hong iluminando al mundo

11 ago. 2012

nuestros señores padres del siglo XXI

Gritar cuando el pelo de la cabeza se cuela entre las piernas. Gritar tan fuerte que el eco traspase los confines de la Vía Láctea y todos los animales del bosque deseen huir del peligro. Y aun así, que la trenza insista en fecundarte, obscena.

De esta forma Coleada se transformó en un orondo chimpancé de mirada triste y pelaje lustroso. Ella siempre había sido una chica presumida. De hecho, se veía un ejemplar excepcional: limpio, de pelo sedoso; olía bien. Una rareza animal en cuanto a hábitos higiénicos se refiere.

Su padres nunca lograron aceptar esta transmutación. A los seis meses de oír a su hija predilecta repetir este galimatías sin parar, la vendieron al zoo de Chicago. Luego decidieron superarlo en un crucero a las Barbados. 

8 ago. 2012

Jukebox de Charles Berberian

Una reseña fugaz para un día con prisas:


Ediciones La Cúpula nos presenta un cómic de alta calidad estereofónica, Jukebox, una colección de historietas cortas y humorísticas que gustará especialmente a melómanos. Charles Berberian reúne una serie de episodios, publicados originalmente en Fluide Glacial, sobre los momentos backstage más morbosos y sobre sus gustos musicales. Siempre con la intención de que soltemos la carcajada -y hay momentos pletóricos, como ese viaje a 1972 donde conoce a John Lennon. Aunque la portada sea engañosa en este aspecto, no es un cómic sobre los Beatles, es precisamente una jukebox en toda regla. Un popurrí de canciones, álbumes y artistas. No es la obra más conocida de Berberian, que goza de una grandísima popularidad entre los fans del cómic europeo, pero sí el primero que cayó en nuestras manos. Y nos ha dejado con ganas de más; Berberian tiene un humor y una cercanía con el lector que hacen que sea muy fácil disfrutar de su obra. 

Un cómic muy cuidado y colorista, que también habla sobre las modas y la estética de cada década, siempre unida a la música. Donde hay tiempo para los pies de Leonard Cohen y las hombreras de Phil Collins. Especial mención se merece el capítulo "Demasiado Hype para ti" (imposible no reír con ese repaso a bandas raras y malditas olvidadas por la historia), y la gloriosa conversación con David Bowie-Ziggy Stardust. 

Ediciones La Cúpula recomienda leer y escuchar música con moderación. Pero nosotras esperamos que hagáis lo contrario: Leed y escuchad música hasta morir. Porque si de algo hay que morir, que sea a gusto, con David Bowie de fondo, o los Stooges, o Janis Joplin (lo que más os guste; bueno, no creemos que la jota y la cumbia pueda daros paz interior, pero pueden darse casos tan extravagantes).

Hermanos... Nuestra vida es una Jukebox, aunque siempre salgamos las mismas en el aleatorio (chistes malos OFF). Pronto volveremos con los cuentos.


p.S: Ediciones La Cúpula, 2011. Traducción: Raúl Martínez. Rotulación: Iris Bernárdez. Colores (y qué colores): Robin Doo. 


2 ago. 2012

Rusia Gótica

Tras un pequeño parón debido a un cable de teléfono cortado por un mozo perruno que nos ha relegado al estado de la Prehistoria durante unos días (todo muy zázico), al que se le tiene que sumar el calor que ralentiza el buen funcionamiento de nuestra sintaxis, volvemos a la carga. ¡Por fin estamos de nuevo aquí! Os hemos echado de menos. 

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Si hay imágenes arraigadas en el subconsciente colectivo paridas por la literatura gótica, seguramente sean la niebla, el páramo inglés, alguna abadía derruida, un bosque alemán... Pero Nevsky Prospects nos presenta una rareza en la especie para contrarrestar: ¡cuentos góticos rusos! Autores malditos y "olvidados" por el paso del tiempo; autores famosos por otro tipo de textos e historias, desconocidos, inauditos. Y es que la moda de lo sobrenatural y lo fantasmagórico también cautivó a ciertos autores rusos en el s.XIX. Cosas que no nos enseñaron en el colegio. 



Seis relatos conforman esta joyita cuando menos curiosa. En realidad son cinco y una novela inacabada de Lérmontov. Como en todo recopilatorio unos son más brillantes que otros. Aunque sea un topicazo y un recurso un tanto facilón quisiéramos destacar Los invitados inesperados de Mijail Zagoskin, un estupendo cuento de fanstasmas con una ambientación muy lograda, y La vendedora de pasteles de Antoni Pogorelski, un relato de corte satánico (eso de "corte satánico" es una licencia que nos permitimos pues nos encanta el atavismo). 

Una oportunidad única para llenar vuestra alma con literatura clásica de la buena, pasar un buen rato y sin que os tome demasiado tiempo. Una lectura entretenida, fresquita, ideal para combatir el sopor veraniego. Nuestra única pega, que dejaremos en comentario por no ser excesivamente malvadas, es el prólogo a cargo de Espido Freire. Hemos echado de menos que tan deliciosa selección fuera introducida por alguien que de verdad supiera sobre literatura rusa y sobre literatura gótica; alguien que aportara datos relevantes a la edición. Ya que Nevsky está haciendo una labor envidiable en cuanto a introducir textos rusos inéditos se refiere, lamentamos que no les conceda la oportunidad de presentar las ediciones (al menos no fue así en este caso) a verdaderos entendidos sobre el tema. Pero es un detalle mínimo y quien quiera, bien se puede saltar el prólogo.
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Mmmm... Pensándolo mejor, creemos (con nuestra mala leche bien afilada) que no os podéis perder estas perlas de la señora Freire. En su momento nos pareció el peor prólogo de la historia. Una hipérbole sin duda, pero es que cuando queremos podemos ser muy exageradas. Atención:


Érase una vez, hace mucho, mucho tiempo. El autor implica al lector de la manera más evidente: no hay engaño. Lo que nos cuenta es mentira, es de una extraña verosimilitud, pero no obstante, una ficción. Aún tiene tiempo el lector de retroceder y seguir a salvo, a este lado del conocimiento.

Nos encanta... Contradicciones a la carta. Ahora digo una cosa, para decir luego lo contrario y, en realidad, no decir nada. Una técnica estupenda para crear paja. 

Y:

Frente al caos, tan similar a la vida, de la gran novela rusa del XIX y su desordenada reproducción de las emociones y el desconcierto cotidiano, los cuentos góticos, siendo más truculentos, parecen menos horribles. 

Aquí aseveraciones sobre literatura a diestro y siniestro con fundamento de estar por casa. Dile a los minuciosos escritores realistas que eran desordenados. Lo caótico no sabemos si viene por la tendencia tan rusa a las grandes novelas corales. Pero en todo caso: brillante. De Honoris Causa. 

En fin... 

Recapitulemos: Karamzín, Sómov, Baratynski, Lérmontov, Zagoskin, Pogorelski en un solo tomo. Edita Nevsky. Traduce el aire, puesto que no se han molestado en comentar de dónde salen las traducciones (muy mal Womack, muy mal). Para rusófilos acérrimos y muy ávidos entusiastas del género (como bien dice Espido).

Esperamos que no haya imprevistos y podamos volver lo antes posible.

Siempre un verdadero placer, camaradas.