16 sept 2012

Frankenstein se hace un sándwich de Adam Rex

Parece que se acerca el otoño, así que es hora de abandonar la lecturas ligeras y superventas del verano y pasar a otra cosa: a recuperar clásicos, del terror preferentemente, e historias de suspense e intriga. Pega con los días más cortos, las noches más húmedas. Atrás quedan los días ociosos sin hacer nada, tumbados al sol, con la mochila a cuestas y viviendo aventuras en otro país lejano. ¿Deprimente volver a la rutina? Tenemos la solución que buscabais: Frankenstein se hace un sándwich y otras historias que seguro te van a gustar pues tratan de monstruos y algunas también de comida - Porque te gusta la comida, ¿no? Muy bien pues de Adam Rex y editada (para nuestra sorpresa) por Océano Travesía.



¿Qué lector que se precia no adora a un monstruo en particular? Con tanto donde elegir. Yo siempre fui de Drácula, lo reconozco, pero Frankenstein demuestra en la obra de Adam Rex ser una criatura absolutamente encantadora, con una capacidad humorística que nada tiene que envidiar a las grandiosas ocurrencias de Edward Gorey o Mel Brooks. Como tampoco deben avergonzarse el resto de monstruos versionados: el Fantasma de la Ópera se convierte en un compositor bloqueado que no puede sacarse de la cabeza la Chica de Ipanema; la Momia en momia consentida que quiere cuentos y galletas; Dr. Hyde en un flemático Mr. Henderson que no da miedo, pero mata del aburrimiento. El perro del Hombre Lobo está harto de que arañe las puertas. A Frankenstein le tiran comida dementes vecinos. Dos zombies se encuentran en el zoo. Y el hijo de Drácula va al dentista. En conjunto, el álbum resulta un envidiable compendio de historias disparatadas y muy muy muy originales. Imposible que no te arranquen una sonrisa, o dos. Creemos que hasta reirás del gusto. Todo en forma de menú, para que vayas abriendo boca y termines con la sensación de que tienes entre tus manos algo muy guay y ¡estamos de enhorabuena! porque hay continuación, Frankenstein se lleva el pastel (próximamente en sus mejores blogs).



Adam Rex es un molón ilustrador nacido en Ohio y que se conserva la mar de bien, y la mar de indie, a sus 39 años. Ha publicado tres novelas según Wikipedia (por supuesto, sin traducir) y un montón de álbumes sin traducir tampoco, y también diseña juegos de rol (que seguro que tampoco se pueden conseguir en ningún establecimiento de este país). Por suerte, se puede visitar su página web aquí. Y pasar un buen rato con su blog y dibujos. Para nosotras ya es un favorito. No sólo porque ilustre cuentos de Neil Gaiman y diseñe también camisetas que nos pondríamos para ir de concierto. Adam tiene talento. Y es más gracioso que Tim Burton. Así que adictos y  grandes consumidores de terror, enamorados del gore y la literatura gótica, el s.XIX, Valdemar y las películas ochenteras de zombies, no os lo perdáis.

Adam dando clases



(c) de la traducción: Francisco Segovia. Editado en México por Océano Travesía. 

12 sept 2012

Dos entradas muy seguidas...

Pero teníamos que compartir esto:



By Joost Swarte. Nosotras ya tenemos el set completo de 12 postales, que se puede adquirir en tiendas modernas de la ciudad, o aquí. 

11 sept 2012

27 historias para tomar la sopa de Ursula Wölfel & Pablo Bernasconi

Cuentos breves, ilustraciones futuristas y molonas y sopa. La única parte de la ecuación que nos disgusta es la sopa, aunque quizá eso hubiera sido distinto de haber tenido a alguien ingenioso que distrajera nuestra atención con cuentos graciosos. Una alternativa al jueguecito de abre la boca que aquí viene el avión. 27 historias para que un niño se termine la sopa y deje el plato bien vacío y le quede la cabeza llena de imágenes divertidas: hormigas, vacas y caballos felices. Y sombreros voladores. Sin embargo, lo que realmente destaca y remata este recopilatorio de microcuentos son las ilustraciones de Pablo Bernasconi.

A nosotras las historias se nos hicieron muy repetitivas y un tanto pesadas, pero insistimos y seguimos porque las imágenes -que ya hablan por sí solas- eran una auténtica maravilla. Pablo es un autor muy recursivo, de gran imaginación, que tiende a animar lo inanimado y crear desde lo inesperado. Por eso, las mariposas son tubos de pasta de dientes con alas que son espejos. O la tela de las arañas son alambres. Las vacas, neveras. Y los cuernos de los caracoles, semáforos. Un mundo mecanizado, como ya anuncia la portada, en la que la excusa es la sopa y la conclusión es que uno siempre puede y debe confiar en los cuentos. Como remedio para todo: para que los niños coman; para que los días largos y pesados se vuelvan livianos; para acabar subido en una cuchara voladora y sobrevolar los problemas y miedos.

Ursula Wölfel es toda una eminencia en Alemania, una reconocidísima y premiada autora infantil. Quizá nuestra pega viene de que este sí que es un recopilatorio muy para niños, niños bien pequeños. Pero nos encantó y enamoró Pablo Bernasconi, todo un prolífico y solicitado ilustrador internacional que también tiene cuentos propios, y un par para adultos. Algo que debemos investigar y de lo que informaremos a su debido tiempo. 



Echadle un vistazo. Buscad su nombre en Google. Y si os apetece de verdad, contadnos qué os ha parecido.


¡Hasta pronto!


p.S: Edita Kalandraka. Traduce: Pedro A. Almeida. 

p.S.2: La página de Pablo aquí. Visitad su portfolio y flipad. 

4 sept 2012

Fragmentos cinéfilos 5: Kubrick. Biografía de John Baxter

Nunca hemos sido grandes apasionadas de leer biografías. Pero debe de ser como beber café o vino, un placer en el que te instruyes con el tiempo (una teoría bastante tonta, por otra parte). Además, nunca habíamos tenido suerte con los biógrafos. Comenzamos con los monográficos de Taschen sobre artistas. No están nada mal, pero a veces uno puede perder un poco el hilo si no tiene una base sobre arte. Por eso, no fue hasta encontrar la editorial T&B Editores, especializada en cine y música, que dimos con lo que verdaderamente andábamos buscando. Y eso que nuestro primer contacto, la biografía de Bowie de Christopher Sandford, no podía estar peor editada y contener cosas más extrañas que los potajes subtolkenianos.

Sin embargo, John Baxter se merece toda nuestra admiración. Es un texto riguroso, sin comparaciones cósmicas ni metáforas y subordinadas imposibles de entender. Que se centra en lo más interesante de Kubrick, sus películas. Y que repasa su vida privada sin que uno tenga la sensación de que está descuartizando su intimidad. Sobre todo, respeto al Maestro. Aunque uno se quede con la sensación de que trabajar con él podía ser un auténtico infierno. Curiosamente, muchos de los que experimentaron algo así, no dejaron de considerarlo un genio. 

Un imprescindible para fans de Kubrick y para cinéfilos en general (hay muchas curiosidades y anécdotas sobre rodaje, actores, escritores, etc. que os sorprenderán). Y como estamos en un "fragmentos", os dejamos con un vídeo ;)

¡Hasta pronto!






30 ago 2012

Ge + De

Quisiera compartir con vosotros un cuento al que le he estado dando vueltas durante las últimas semanas. Se trata de un ejercicio, una experimentación estilística. Y la historia de amor de Ge y De. 

Que tengáis una feliz lectura. Gracias por vuestro tiempo. Y si os apetece, agradeceré enormemente vuestra opinión. Dejar comentarios es gratuito ;)


Más reseñas en breve,

Jen

+++

Cuando Ge se murió, o quizá partió, De siguió preparándole la cena. Todos los días, a las diez menos cinco exactamente, le colocaba el plato en la mesa frente al suyo. Y se sentaba a contemplar la silla vacía. No siempre tenía la misma reacción ante la ausencia de Ge: a veces, cuando creía que había muerto a causa de la enfermedad, se echaba a llorar y entonces no probaba bocado. Otras, cuando De pensaba que Ge se había ido porque su amor se había terminado, se enfadaba de tal forma que empezaba a soltar improperios y acusaciones que llegaban tarde. Otras veces tocaban los días buenos, se encogía de hombros y se concentraba en el plato, con resignación. Incluso pensaba que pronto volvería. Que a pesar de todo se querían lo suficiente como para tener este tipo de altibajos y superarlos. Muchas veces se sumergía en pensamientos oscuros y no sabía bien por qué persistía ante aquella silla vacía. Qué sentido podía tener la vida si Ge no estaba a la hora de cenar, comentando las últimas noticias con pasión, indignándose porque al vecino se le había vuelto a romper la bolsa de la basura en el rellano y no lo había recogido; Ge hablando de su madre, del trabajo, de que se quería comprar un tocadiscos. Ge diciendo que tenía que ir al médico pero no quería. Ge quejándose de aquella casa, de aquella ciudad, de De. Y De sonreía, reía, asentía y hacía ver que escuchaba con atención. Pero sin prestarle demasiada. Porque lo daba todo por hecho. De siempre en su mundo. Imaginándose protagonista de múltiples fantasías. Sin demostrar lo mucho que quería a Ge, sin disfrutar al máximo de cada momento, minuto; sin registrar del todo lo que salía de aquella boca tan deseada. De, tan poco pasional.
         Y ahora la soledad pesaba tanto como un plato a la hora de cenar. Quizá era llevadera, pero todos los días estaba ahí y humeaba.
         Nunca se dio cuenta de cuándo empezó a dejar los platos de Ge en la mesa, por si volvía con hambre una vez que De se hubiera acostado. Incluso apiló uno sobre otro durante una semana. Por ejemplo, un día puso la ensalada sobre un trozo de pizza reseca y enmohecida. Así hasta llenar la mesa. Así hasta quitarse el sitio de su propio plato. De le ponía el plato de la cena a Ge, pero nunca lo recogía. No vaciaba el contenido. No lo fregaba y lo guardaba en la despensa. Prefería no darse cuenta de que prepararle la cena a Ge era un despilfarro innecesario.
         Cuando se le acabó el espacio en la mesa, empezó a ocupar el suelo inmediato. Un día no tuvo más remedio que ir al supermercado a por más platos y otra cubertería. Más vasos, nuevas servilletas de tela. En cuestión de medio año, había ocupado todo el espacio de la cocina, que apestaba y estaba llena de moscas y otros invertebrados más repulsivos. Saltaba entre los platos para llegar hasta la nevera y llenarla con comida para dos; saltaba entre las sobras intactas de antiguas cenas para volver a encender los fogones y cocer pasta para dos; saltaba para salir de allí y meterse sin compañía en una cama para dos. Pero renunciaba a que la marcha de Ge fuera irreversible, pues creía en la Resurrección de la carne y confiaba en que Ge recapacitaría y echaría de menos su antiguo hogar. Todo esto le impulsó a invadir el pasillo con nuevos platos para Ge. Sus platos favoritos.
         Pero pasó un año más y también ocupó sin piedad el salón, el baño, el cuarto de invitados y las mesillas de su habitación. El olor era bastante insoportable; el cuadro, un bodegón en honor a la enajenación. Muchos fueron los vecinos que se quejaron, familiares y amigos dejaron de visitar a De por si acaso. Porque seguía creyendo con un fervor inigualable en el regreso de Ge. O quizá De los expulsó de su vida cuando quisieron meterle entre ceja y ceja un poco de razón. Pero no soportaba ese «Hazte a la idea de que no va a volver». Ge, su gran amor. Le parecían malignas insinuaciones por parte de los que creía sus allegados, así que les prohibió el paso a su fortaleza de comida podrida, donde la abundancia se medía en platos sucios y apestosos.
         De siguió hasta que ya no quedó espacio ninguno para pasar entre los platos. Tantas tortillas había aplastado que ninguno de sus zapatos lucía limpio. Se deshizo de muchas pertenencias para seguir preparándole la cena a Ge: libros, ropa, mantas, todo lo que albergaran los cajones de su casa; metió platos en la bañera y dejó de ducharse. Y no paró, hasta que a su alrededor sólo había montañas de platos en falso equilibrio. No paró hasta meter más de mil doscientos platos en aquel piso. Y cuando una vez se mareó por el fuerte olor y tropezó con una gigantesca columna de platos rancios, se dio cuenta de que habían pasado más de tres años.
         Y Ge no había vuelto.
         Cuando recuperó la conciencia, un pensamiento se disparó de su boca:
         —Así cómo va a volver. Qué asco doy.
         De decidió que limpiaría. Que sacaría toda aquella inmundicia del hogar donde tanto se habían amado y ahora solo había platos sucios para tapar la desesperación y un corazón roto. Pero lo enmendaría. De volvería a ser aquella persona capaz de enamorar a Ge. Volvería a comportarse como un ser racional y civilizado, que friega los platos después de cenar y ve a los amigos.
         Y así volvería Ge.
         Por si acaso, compraría una ouija; quizá buscar su tumba y llevarle flores todos los días. Y vivir en el recuerdo de aquellos días tan felices. O podía hacer la maleta y descubrir adónde había partido Ge. Presentarse con un ramo y de rodillas pedir perdón por lo que fuera. Y vivir nuevos días felices.
         Porque lo cierto es que De nunca se enteró del todo bien de aquel capítulo tan importante en su vida; no tuvo tiempo para pelear por aquella persona tan especial; no era capaz de comprender por qué, ni de encontrar un motivo coherente. No recordaba cómo había muerto Ge, o cómo y por qué se había marchado, si había sido a escondidas mientras De estaba trabajando o durmiendo plácidamente. O si vio como Ge salía por la puerta y De no fue capaz de impedirlo por tonto orgullo.
Sólo sabía que Ge ya no estaba.
Y De se había sumido en la miseria.
         Recuerdo perfectamente el día que De decidió emprender su búsqueda y poner en orden su vida. Decidió dejar la casa bien limpia. Se deshizo de toda la basura: ocupó más de veinte bolsas de plástico y bajó todos los platos sucios haciendo un ruido de mil demonios.
         Desinfectó la casa. Retiró las cortinas, las fundas de los sofás. Tiró los manteles apolillados. Los trapos viejos. Las sábanas mancilladas con gratén carcomido. Pasó la fregona, la escoba, limpió los cristales. Rascó entre las juntas de las baldosas, los fogones, un montón de ollas. Vació la nevera, llenó el congelador y el armario de provisiones por si las moscas. Y por último, pintó las paredes de un color crema. Muy elegante.
Cuando hubo terminado, De tomó un baño y se vistió con la ropa que más le gustaba a Ge; por suerte, no había tirado la cazadora amarilla ni los zapatos plateados. Así era De en realidad, un poco futurista. Y preparó el equipaje para emprender una larga investigación, lo que hiciera falta para encontrar a Ge: agenda telefónica, mapa, guía de Europa. Se compró una brújula, sacó todo el dinero del banco y se hizo una tarjeta de crédito. Haría lo imposible, aunque significase tener que pasar al Más Allá, aunque tuviera que recorrer la Tierra tres veces a pie. Libros, el diario de Ge, su partida de nacimiento. Una mochila pequeña. Y además la fe. Una fe ciega y absoluta. De iba a encontrar a Ge.
         A la mañana siguiente, De atravesó el umbral de casa, cerró con llave. La vecina de al lado esperaba en el rellano con cara de asco y los rulos puestos. Lo que dijo no fue agradable de escuchar, así que De hizo caso omiso. No era momento de reproches y faltas pasadas, ni de destacar el poco civismo que había mostrado. Se cargó al hombro la bolsa e inició un descenso con paso seguro, firme. Abrió la puerta a las 10 un lunes. Un autobús pasaba precisamente en ese momento por su calle. Estaba a punto de detenerse en la parada a unos cien metros.
         El sol brillaba. Olía a ciudad.
         De no lo pensó un momento. Decidió subirse. Pagar el billete, sentarse en la ventanilla y espiar a los demás durante el trayecto. Observar. Iniciar su viaje sin retorno.
 Tras Ge. Porque Ge era todo. Y nunca lograría superar su muerte, o su partida, si no conseguía dar con su paradero y saber qué le había pasado.
         Quizá encontró a Ge.
Quizá no. 



27 ago 2012

King Kong de Anthony Browne

Queridos adictas, adictos: 

Estamos aquí reunidos para presentaros un "remake" en papel, el de King Kong a manos del ilustrador británico Anthony Browne. O la historia de cómo la Bella sedujo a Kong. Un monstruo prehistórico temible, capaz de derribar dinosaurios y reptiles voladores y, sin embargo, enamorado hasta el tuétano de una actriz oxigenada*. 


Aunque Browne asegure que el verdadero Kong era su padre (no sabemos si eso es bueno malo), y aunque no sea ni su personaje ni obra principales, este álbum ilustrado es una buena adaptación de la película y Browne expone con creces la fascinación que ha sentido por los simios a lo largo de su carrera. Como el autor, a nosotras nos cae bien la Bestia y el final nos resultó muy trágico y triste. Sin embargo, uno debe sobreponerse y pensar que, por suerte a veces, la ficción es sólo ficción. Y nos parece un trabajo estupendo para acercar -quizá- a los niños a la fantasía y el cine (entendiendo la película de 1933 de Cooper y Schoedsack, no la paranoia sosa y exagerada de Peter Jackson).

Tenemos un temor en nuestro corazón cinéfilo: hoy muchos niños no quieren ver películas, no aguantan más de media hora en el mismo sitios sentados (y con suerte) ante una pantalla, si no es la del smartphone, el messenger y otros aburrimientos generalizados. Antes de que se extinga la afición por devorar películas, por favor, ayuden a la infancia a contagiarse con la cinefilia.




Un aplauso para el trabajo de Browne, que resulta tremendamente divertido aquí y allá con sus guiños zoológicos. Ayudemos a los niños a conocer los verdaderos iconos. King Kong es uno. Y este álbum podría ser una buena lectura en la escuela para introducir a los niños en la fantasía, la ciencia ficción y el terror. Sí, todo en uno. 


Y como ven, las ilustraciones son tan fantásticas como cinemáticas. 


*= Anthony decidió que su Ann Darrow iba a ser como Marilyn, que para eso es su cuento. Es comprensible, aunque Fay Wray fuera guapísima.






p.s: Como siempre... Edita Fondo de Cultura Económica. (c) de la traducción (esta vez al catalán): Jordi Pujol. (c) adaptación del guión: Merian C. Cooper



23 ago 2012

Casa de muñecas y cabezas en lavadoras...

Con motivo de la publicación de Casa de muñecas de Patricia Esteban Erlés, que viene ilustrado por Sara Morante, la editorial Páginas de Espuma ha organizado un concurso de microcuentos. Un reto de 200 caracteres que debe empezar con la frase "La cabeza del hombre que amó da vueltas en el interior lavadora". Un reto que dejamos a los valientes, porque nos hemos pasado bastante de caracteres, me temo. Pero la frase nos dio la idea, la imagen, y en este día bochornoso querríamos compartirla con todos vosotros. 

p.S: El plazo de entrega es hasta el 1 de septiembre. Todo bien explicadito aquí. 

+++

La cabeza del hombre que amó da vueltas en el interior de la lavadora, en la espuma roja. Sofía la mira hipnotizada y le parece que así resulta tan artificial y trágica como una Nancy decapitada. Interrumpe su ensimismamiento un leve carraspeo. La mano derecha del hombre que amó se reajusta la corbata:
—Entenderás que tenía que centrifugar los recuerdos. 
Sofía no puede evitar quedarse embobada ante aquella aparición. No sabe qué decir, perpleja ante figura tan estupenda. El hombre que amó se conserva bien a pesar de todo. Y Sofía se pregunta si una vez tendida su cabeza sobre los hombros, le apetecería ir a tomar un café con ella al bar de la esquina. 


21 ago 2012

Fragmentos cinéfilos 4: Un profeta de Jacques Audiard

Recuperamos nuestra particular sección de cine para comentaros la película que más nos ha impactado este abominable caluroso mes de agosto (con los respetos de Nolan): Un profeta, del cineasta francés Jacques Audiard. Aunque no somos expertas en género-subgéneros, posiblemente sea la mejor película de presidiarios que hayamos visto en mucho tiempo (si no la mejor).

Es una película bruta, sin aditivos ni golpes de efecto innecesarios. Con escenas muy impactantes. Sobria. Que trata sobre la droga, la mafia, la sumisión, la redención, la capacidad que tiene el ser humano de hacer el mal y de adptarse a situaciones aciagas. El antihéroe de esta película, Malik (Tahar Rahim), no es ni loable ni detestable, simplemente es un parte más de la realidad, una persona que ha tomado las decisiones más equivocadas del mundo, que se topa en la cárcel con gente inadecuada y que vive a su manera, o mejor dicho, un poco como puede. Porque a veces la vida te lleva a callejones sin retorno. Y uno debe actuar en consecuencia.

Simplemente: chapeau. Cine top class made in la France. 














19 ago 2012

Estaba oscuro y sospechosamente tranquilo de Einar Turkowski

A Einar Turkowski lo descubrimos hace unos meses y lo reseñamos por primera vez aquí. En ese momento, nos quedamos admiradas al descubrir que su carrera había dado inicio con un trabajo académico, cuyo título nos parecía una idea genial (sí, somos de las que compran libros si el título nos parece ingenioso): Estaba oscuro y sospechosamente tranquilo. El álbum que nos ocupa hoy. 



Einar tiene una virtud como narrador: la capacidad para mantener el misterio hasta el final, de no resolver ciertos aspectos de la intriga, pero de dejarnos totalmente satisfechos y con la sensación de que, en realidad, sabemos la respuesta. Einar nos hace sentirnos un poco más sabios. Eso, y que siempre elige historias que evidencian lo absurdo que podemos resultar, que muestran aspectos horrendos de la humanidad. Pero luego añade ese personaje solitario y misterioso, de origen desconocido, que es la antítesis de todos nuestros defectos. El ejemplo a seguir. Pero un ejemplo real, sin tufo a héroe. Sin moralina. Sin lección impertinente. Simplemente narra unos hechos, si lo quieres lo tomas, o lo dejas. Son historias para pensar. Sinceramente: es un narrador maravilloso. 

¡¡¡SPOILERS EN EL SIGUIENTE PÁRRAFO!!!

Estaba oscuro y sospechosamente tranquilo cuenta cómo un forastero un día amarra su barco en una playa y ocupa una casa abandonada. La ciudad entera entra en el delirio de espiarle para descubrir qué hace allí el desconocido y a qué se dedica. La sociedad, siempre tan dada al control y la crítica. El hombre sigue tranquilamente con su actividad: caza nubes que llueven peces. Cuando se descubre el pastel, los envidiosos habitantes sienten la necesidad imperiosa de imitarlo. No satisfechos con robarle la idea, lo desprecian y le impiden integrarse en la comunidad porque les puede la envidia y el miedo. Cuando no son capaces de conseguir los mismos resultados que el forastero, deciden expulsarlo de la ciudad. Se sienten atacados por su sola presencia. Y aunque el hombre desea compartir los peces, ellos no soportan la idea de que él sea capaz de sacarle partidos a las nubes. Él, una advenedizo, usurpando  algo que consideran suyo por derecho. 

Pura delicatessen


Pensad un poco en la sociedad en la que vivimos, en las fronteras que hemos impuesto. En lo que consideramos nuestro por proximidad. Pensad también en que todos somos personas y de muchos tipos. En el miedo y el recelo que nos produce lo que no conocemos. Pensad que es algo absurdo. Que todos somos biológicamente iguales, miembros de una misma especie. Pensad: ¿y si fuerais vosotros los que un día amarráis vuestro barco en una playa muy lejana? Que tenéis una habilidad específica. ¿No os gustaría trasladarla allá donde estuvierais? ¿No os molestaría que los oriundos os pusieran trabas, no os aceptaran? Que os robaran la intimidad, que opinaran. 

El hombre se marcha al fin de esa playa. No pensamos que por presión, porque al hombre los ciudadanos le importan un rábano. Es así de valiente. Así de independiente. 

La sociedad se ha organizado de forma estúpida. A veces creo que formar parte de un colectivo puede llegar a atontarnos de tal forma que es sinónimo de anulación absoluta. Y admiro a los hombres tranquilos, que dependen de sí mismos y dominan el arte de cazar nubes. 

No os impondremos que lo leáis, pero además del texto, Turkowski es un maestro de la ilustración. Estaba oscuro y sospechosamente tranquilo tiene un toque muy steampunk. Mucha máquina e instrumento bizarro. Siempre en riguroso blanco y negro. Y con elementos imposibles que ojalá existieran. 




Esperamos haber convencido a alguien. Y pronto nos leemos.



p.s: Edita El Zorro Rojo. Traduce: Marisa Delgado. 


17 ago 2012

Mao y yo: El pequeño guardián rojo de Chen Jiang Hong

Queridos camaradas:


Puesto que están tan en boga los revolucionarios últimamente, y ya que es un tema que nos encanta, no podíamos dejar de incluir en nuestros repasos a álbumes ilustrados este voluminoso libro rojo: Mao y yo, del artista chino Chen Jiang Hong (su nacionalidad era obvia, petardas).



En 1966 Mao inició la Revolución Cultural en China. Resumiendo debidamente el concepto, se trató de una "limpieza intelectual" entre los altos cargos del partido, la burguesía, los artistas y pensadores. Es decir, cualquiera que no tuviera un pensamiento político correcto, que era sinónimo de no tener alma, era un contrarrevolucionario y enemigo del Estado, como anunciaba el Libro Rojo, de obligada lectura en la escuela. Mao inauguraba así una etapa de gran represión y censura. 

Chen Jiang Hong vierte en grandes acuarelas sus recuerdos de la infancian en una pequeña ciudad china a finales de los 60. El salvajismo del Partido Comunista Chino a través de los ojos de un niño que no entendía bien qué estaba pasando. Un niño que crece en la pobreza pero feliz de estar rodeado de sus familiares. Un niño que debe acostumbrarse a la violencia social, como cuando un amigo de su abuelo es detenido, acusado de capitalista y avergonzado delante de todos. Lo mismo le pasa a la señora Liu, que le daba caramelos y tenía muchos libros. Un niño que ve cómo su padre debe partir a un campo de reeducación sin fecha de retorno. Al que obligan a formar parte de la pequeña guardia roja. Al que lo primero que le enseñan en la escuela es que Mao es su estrella salvadora. El dolor de perder a su abuelo, gran referente ante la ausencia del padre. Recuerdos tristes, pero también bellos y únicos, como todo en la infancia: el niño extasiado ante el olor de la tinta el primer día de colegio; jugando a las canicas; cazando libélulas; contándose cuentos con los amigos de la calle al anochecer. Retratos de una clase de infancia que ya no existe. 

Y es que lo que siempre obvian los textos revolucionarios es cómo van afectar los cambios sin precedentes a la vida cotidiana. Qué pueden significar para un niño que sólo quiere jugar y aprender y todavía no está en edad de querer cambiar el mundo. Cómo será todo para la gente tranquila que solo quiere vivir en paz. Para los que no van a estar de acuerdo. Para los que apuntarás con el dedo. 


Bello. Y controvertido.

Edita Corimbo. Tradujo Anna Coll-Vinent. Chen Jiang Hong vive y trabaja en Francia. En la contraportada agradece el apoyo a la CNL y su equipo jurídico. Y utiliza una técnica de tinta china sobre papel de arroz, además de la acuarela. 

Chen Jiang Hong iluminando al mundo