25 jun 2012

Blancanieves de Jacob y Wilhem Grimm & Iban Barrenetxea

Blanca como la nieve. Roja como la sangre. Negra como el ébano. ¿Quién no conoce el cuento de Blancanieves? Ni que sea la versión de Walt Disney. Cómo olvidar a la malvada y cruel madrastra, una de las primeras villanas de nuestra infancia. Por eso, nosotras venimos a recomendaros que recuperéis la historia original de los hermanos Grimm. Y os vamos a dar tres razones fundamentales (si no os convencemos, os tendréis que buscar una solitos):

1ª- Porque los hermanos Grimm eran bastante más "bruticos" que Disney; respetando los cánones de su época, por otra parte. No os podéis perder el verdadero final de la pérfida madrastra. SPOILER: ¡¡unos candentes zapatos de hierro!! Bailar hasta caer muerta en la boda de Blancanieves. Ideal. Una imagen imprescindibles para la memoria cultural. 

2ª- Porque este año se celebra el bicentenario de la publicación del primer recopilatorio de los hermanos Grimm y, por tanto, trae muy buena suerte y magníficas vibraciones leer sus cuentos. Nos preocupa vuestra salud espiritual. Así que: hermanos Grimm, vuestro nuevo ritual.

Y 3ª (last but not the least)...

Porque Nórdica nos trae una fabulosa edición ilustrada por Iban Barrenetxea, uno de los artistas más molones del panorama actual. Barrenetxea dio la campanada con Bombástica Naturalis, y poco a poco se ha forjado un nombre y se ha ganado un reconocimiento más que merecidos. Ninguna de sus obras pasa desapercibida.



Ya sé lo que nos vais a decir: ¿otra Blancanieves ilustrada? Que si Lacombe ya sacó en Navidades su propia versión, que ya conocéis el final, bla bla bla. Pero... Creednos, la versión de Barrenetxea es inmensamente más guay que las demás: tiene ese toque suyo tan steampunk, casi victoriano; aquí más bien flamenco, folclórico, atípico y divertido. E irónico. Como esa preciosa Blancanieves un poco orejona, o esa reina de permanente verdosa. O esos enanitos tan rechonchos y teutónicos. Como siempre, el uso del color es simplemente maravilloso, lo que permite darle al cuento una ambientación fantástica. Uno se traslada de repente al s.XIX, a un mundo mágico y soñado donde los espejos son sabios y las manzanas y los peines están envenenados. 



Un cuento que, como dice el autor, no ha envejecido en estos 200 años, ni lo hará dentro de 200 más. Mágico. Atemporal. Inmortal.

Y esperamos de todo corazón que pronto llegue la nieve.

Iban, un tipo simpático



See you soon! 

p.S: (c) de la traducción: Isabel Hernández

24 jun 2012

P

P de Portishead. De Poble Espanyol. De Primeras filas. De sentirse Privilegiada por estar justo en ese momento en ese lugar, inyectarse esa dosis de música inigualable. Dejar que entre en ti. Y darte cuenta de que Precisamente todos esos versos, esas notas, ese ánimo, te identifican, te describen, te consuelan. Son el bálsamo que las palabras amables (lo siento) no pueden ser. 

P de Paz interior.


21 jun 2012

Una bofetada al gusto del público de Vladimir Maiakovski

Me encanta comprar los libros por su concepto. Miento. Me encanta comprar los libros por su título, y por el concepto que se infiere. Y si encima le añadimos -por enésima vez- que es un clásico ruso, ¡perdón!, soviético, mejor que mejor. Por este motivo tan banal, y quizá estúpido, compré Una bofetada al gusto del público de Vladimir Maiakovski, editado por Mono Azul en noviembre de 2009.



El texto es la transcripción de dos conferencias que Maiakovski dio para "celebrar" su trayectoria y hacer más comprensible su visión sobre la función que debía tener la poesía en el nuevo Estado (también se llamaba así el manifiesto futurista que firmó en 1912 junto a otros poetas rusos, por si os apetece un poco de dato de trivial). Son dos discursos bastante incendiarios, en los que Maiakovski lanzó una serie de ideas que desmontaban el papel que hasta entonces había tenido el yo-poeta en la literatura rusa. No sorprende  saber que Maiakovski fue gran partidario del régimen comunista, así como uno de sus grandes difusores: junto a Ródchenko (we love him) formó una agencia de publicidad de la que saldrían un sinfín de eslóganes que pasaron a formar parte de la vida cotidiana soviética. Era, sin duda, un comunista convencido*. 

Maiakovski era un hombre que hablaba sin tapujos. De una gran conciencia social y con ganas de escribir por y para el proletariado, no sólo para alimentar su ego. Casi podríamos estar hablando de una función didáctica de la poesía, aunque no haya ninguna pretensión de divulgar o dar lecciones, sino de retratar la realidad obrera, de hablar del mundo conocido con un lenguaje asequible para todos. El poeta no puede resultar más claro:

(...) las dos líneas maestras de nuestro desafío: la dificultad de comprensión de la masa lectora, y la dificultad de escribir de manera que se entienda, acudiendo, aunque sin comprometer el tema, al lenguaje que hablan las masas. Estos son los principales retos a los que se enfrenta el escritor de hoy en día.

No sé qué os parece a vosotros, pero a mí me resulta tan vigente esta declaración... Se acerca mucho a lo que creo que debe ser un buen narrador: alguien capacitado para hacerse comprensible, con un lenguaje claro, actual, de la calle (sin que esto signifique vulgar u ordinario, ni tampoco simplista o demagogo). Algo que debería replantearse mucho posmoderno que anda por ahí suelto subordinando y adjetivando sin ton ni son. 

Maiakovski junto a Lily Brick, su amante y musa. Sí, él también tuvo musa. Qué si no... ¡era poeta!


En muchas ocasiones denostado por la crítica por emplear expresiones como "mierda" y otras vulgaridades (en apariencia), Maiakovski además aportó en estas conferencias una visión particular sobre los clásicos con la que estoy muy de acuerdo, y que en tantas ocasiones llegaron a malinterpretar. Algunos se empeñan en acusarlo de querer tirar por la borda a Pushkin o Tolstoi, pero como él mismo rebate:

(...) no es preciso exagerar. Dice un camarada que yo reniego de todos los clásicos. Nunca he dicho algo tan estúpido.

Tan sólo digo que ningún clásico conserva para siempre su carácter de vanguardia. Estudiadlos y amadlos pegados a la época en que vivieron.

Si hubiera presenciado aquel discurso, creo que me hubiera pasado media ponencia aplaudiendo. Esta idea casa muy bien con el concepto que expone sobre la accesibilidad del poeta: Pushkin tuvo su momento. No es que vaya a perder su valor, yo soy gran amante de los clásicos, pero uno no debe ni puede pretender perpetuar su estilo. Porque el lenguaje también queda desfasado, y tampoco hay ningún motivo que justifique que en el s.XXI sigamos apostando por la literatura que se hacía en otro tiempo. Uno debe escribir sobre su realidad, desde su realidad. Y ser consecuente con lo que le ha tocado vivir sin necesidad de optar por ninguna posición extrema**. 

En conclusión, os recomiendo esta exquisitez que será un capricho delicioso y revelador para vuestras mentes maltratadas por bestsellers mal escritos; horribles canciones poperas incrustadas en hilos musicales infernales; posmodernos que una y otra vez repiten lo mismo y cansan hasta morir; notificaciones de Facebook y cadenas de Whatsapp. Dejad que entre en vosotros Maiakovski, que os recuerde quiénes sois, obreros del mundo, reformados en mileuristas agotados, explotados, quemados. Dejaros seducir por el verdadero poeta de las masas. Por ése que te conquista con la verdad desnuda y amarga, cruda, sin edulcorar con florituras ni paja, ése que dice: 

Yo
   a la oreja
          con la palabra
                          no suelo acariciarla;


Maiakovski para el alma.

p.S: Edita Mono Azul. Diseño de portada de Ródchenko (¡yuhu!). Traducción: Ismael Filgueira.

*= que en 1930 decidió pegarse un tiro y dejó este mundo y la URSS sin conocer el horror estanilista. Uno casi se atrevería a decir que así fue mejor. A saber qué hubiera hecho Stalin con él. 

**= escribir como el culo y forrarse a costa de mancillar el buen nombre de la poesía y la literatura en general es una posición extrema que tan de moda está y tanto éxito cosecha. Las masas también se equivocan, me temo: Ruiz Zafón, Falcones, María Dueñas, etc. 

16 jun 2012

Cañones y manzanas de Adela Turin & Sophie Giles

La guerra es cosa de hombres. O al menos ésa es la opinión del Rey Valerio, un gran monarca y belicista que va camino de preparar la guerra veintidós, la guerra que dará a conocer al mundo la destrucción definitiva. Pero además de buen estratega y héroe nacional, el Rey Valerio es un buen padre, que tiene encerrada y protegida en el último piso de su imponente castillo a la melancólica princesa Melina, cual neo Anna Frank acompañada de centenares de latas de conserva y una camarilla de 147 viudas y huérfanos y de su madre la reina Delfina. La única pena: Melina no sabe cómo son las manzanas, los árboles, los pájaros, los ríos, las montañas, los días claros. Su existencia en cautiverio la ha convertido en una ignorante del mundo y la naturaleza. 


Cuando Melina cumple cuatro años, Delfina decide enseñarle a leer para que conozca las verdaderas maravillas del mundo, más allá del tronar de los cañones y los soldaditos de plomo con los que se ve obligada a jugar los fines de semana (días de tregua en un constante mundo en guerra. Jornada laboral bélica. ¿Un concepto imposible?). El problema es que la biblioteca del Rey Valerio sólo alberga tratados sobre la guerra, densos tomos sobre la destrucción, técnicas para matar más y de forma más eficaz. Por eso, Delfina decide escribir ella mismo el libro para Melina, y además, le hará un dibujo de todas las cosas que se nombren en él para que la niña sepa cómo son las flores, las frutas, las mariposas, los gatos. Paulatinamente el libro pasa a ser propiedad de la corte de viudas y huérfanos que viven en palacio y entre todos van aumentando el volumen del manuscrito con bellos recuerdos de paz y alegría. 





Hasta que el Rey Valerio decide que ese libro, que ha conseguido instaurar la risa como costumbre en palacio, es un objeto subversivo, muy peligroso y que puede desanimar a los soldados en la guerra. Debe deshacerse de él como sea.




Pero... Delfina y Melina lo convencen para que las deje marchar con el libro al castillo del Rey Abundante (el abuelo de Melina). Que allí no serán un estorbo. Y parten un sábado por la mañana, día de tregua; abandonan una tierra inhóspita y humeante por culpa de los cañones con la esperanza de que en el castillo del Rey Abundante sean un poco más libres. Nunca llegaron a su destino. No temáis, no les pasó nada grave. Encontraron un castillo abandonado y decidieron instalarse allí, sembrar, plantar, reconstruir, vivir en paz, cantar y reír. 


Adela Turin escribió este relato en 1978 para su sello editorial Della parte de la bambine (A favor de las niñas), casa que fundó para presentar con humor y de forma más compresible la problemática del sexismo. A través de su editorial, Turin pone a disposición de padres y educadores libros divertidos y útiles que plantean difíciles cuestiones pero que son necesarias dialogar desde bien pequeños. 






Aunque no somos partidarias de que el sexismo derive en otro tipo de sexismo, Cañones y manzanas nos parece un texto vital para demostrar lo absurdo y abominable de la guerra. Es un álbum ilustrado que permite que cualquier niño comprenda que la guerra es un crimen inadmisible contra la humanidad y la naturaleza, que sólo sirve para destruir las cosas bellas y anular a las personas, para ser siervos de la matanza o permanecer aislados  de por vida, como Melina. 


Las ilustraciones corren a cargo de Sophie Giles, que ha ilustrado centenares de cuentos para niños, aunque ahora parece ser que vive exclusivamente por y para la fotografía. Una lástima, pues su estilo tiene un toque retro que haría furor en estos tiempos modernos. Pero poco diremos de su trabajo, las imágenes aquí adjuntadas ya son suficientes para admirar su estilo.


Acabaremos con los datos técnicos, como vienen siendo habitual: edita Lumen. Traduce: Humpty Dumpty (que alguien nos presente a este traductor/a, por favor).


Y sobre todo...


¡Haced el amor y no la guerra!


p.s.1: el blog ha sufrido un pequeño parón en estas últimas semanas. A la pereza de las vacaciones se le ha sumado algún que otro asunto familiar, pero que no quepa duda... we're back!





4 jun 2012

¿Qué pasa ahí arriba? de Elisabeth Stiemer & Karoline Kehr

El otro día tuvimos una idea genial: visitar la biblioteca del barrio en busca de alguna joyita ilustrada. No sé por qué no se nos había ocurrido antes; quizá una cuestión de comodidad, quizá nos persigue esa neurosis librera de querer poseer tantos libros como toquemos, tantos libros como sea posible. Pero las bibliotecas -y me impresionó gratamente que en tiempos de crisis nuestro Ayuntamiento haya empleado parte del presupuesto en reformar la nuestra- son muy útiles para descubrir libros que han dejado de estar en circulación. Lamentablemente, muchos álbumes ilustrados tienen una vida efímera en el mercado. Pero esa es otra cuestión que hoy no debatiremos. 

Uno de los cuentos que nos llevamos en préstamo, porque nos pareció una idea muy graciosa y con la que cualquiera puede sentirse identificado es  ¿Qué pasa ahí arriba? de Elisabeth Steimer y Karoline Kehr, publicado en 1999 por Kókinos. La señora Deabajo tiene nuevos vecinos: la familia Dearriba, que consta de cuatro miembros, incluidos dos niños muy ruidosos y juguetones. Los nuevos inquilinos vienen a perturbar su paz y ella se queja constantemente de que no le dejan hacer la siesta en paz. Los niños Dearriba, de una conciencia social admirable, intentarán lo posible por no hacer ruido: ya no corren, gatean; intentan no mover ninguna silla; no juegan si es necesario, por mucho que su madre insista en que son niños y que, por tanto, tienen que jugar y hacer ruido. Pero aquí no termina el problema de la señora Deabajo. Ahora no escucha ni un solo ruido, ni siquiera el de una puerta al cerrar rápidamente. Y eso le preocupa. ¡Ella quiere escuchar algo! Necesita saber qué pasa con los Dearriba. Por eso, se empeña todos los días en escuchar un ruido. Pero nada. Hasta que un día, por arte de magia, o como castigo divino, sus orejas empiezan a agrandarse. Para oír mejor. No obstante, el celo que ponen los Dearriba en no molestar es impresionante. Nuestra viuda sigue sin escuchar nada y sus orejas no paran de crecer y crecer, hasta tocar el suelo. El diagnóstico está claro: Hipertrofius Escuchantus. Le recetan una buena dosis de ruido.

Un álbum que con gran maestría y gracia trata el problema de la convivencia con nuestros vecinos. ¿A quién no le han acusado de hacer demasiado ruido? Yo entro más bien en este grupo. ¿Quién no se ha despertado un sábado por la mañana al son del taladro del vecino? ¿A quién no habrán llamado a la puerta para pedirle que hagan el favor de bajar la música? A mí incluso a las 12 del mediodía. ¿Cómo hacer entender a la Deabajo que las tres de la mañana no es un hora oportuna para entrar en la ducha y que se le caiga todo  haciendo un ruido de mil demonios? Muchos somos los damnificados por el ruido; y todos, seguro, somos potenciales emisores de ruido. 

Por eso, me he reído tanto con ¿Qué pasa ahí arriba? Además, Karoline Kehr es una ilustradora de gran talento, capaz de trasladar el humor implícito en el texto a las imágenes para acabar de definir el carácter de los personajes, en especial, el de la señora Deabajo, una pequeña tirana que al final se ve en un verdadero aprieto. 

Un álbum que puede ser educativo a la par que divertido. Debería leerse en las escuelas. Y ojalá a mi vecina Deabajo le salieran esas enormes orejas. Le estaría bien empleado. Por quejica.



p.S: Hemos dicho que publicaba Kókinos, y también diremos que tradujo y adaptó al castellano Gabriela Keselman. 

29 may 2012

El libro de la selva de Rudyard Kipling

He aquí un libro que me hubiera gustado leer cuando tenía diez o doce años. Pero por aquel entonces, ya me había entrado la fiebre del terror y la novela gótica, e incluso la afición por los vampiros bestsellieranos de Anne Rice (ahora, reniego bastante de ellos). Tardaría unos años en interesarme por novelas fantásticas como El señor de los anillos o La historia interminable. Algunos más por descubrir la ciencia ficción. Y me ha costado un cuarto de siglo llegar hasta la novela de aventuras (esto seguramente no es del todo cierto, pero por ponernos un pelín dramáticas). Lo que es peor aun: ¿por qué no había leído antes a Kipling, autor del que decía Borges que después de Shakespeare era el único inglés que usaba todo el diccionario al escribir? Misterios insondables, me temo.

Por eso, si todavía no lo habéis hecho, o tenéis a un adolescente cerca, os recomendamos El libro de la selva. A mi generación, que creció con la versión de Walt Disney, le sorprenderá -o quizá están más instruidos que yo- descubrir que es una recopilación de historias en la que, si bien es cierto que Mogwli es posiblemente el personaje principal, también se recogen las historias de otros habitantes de la Selva que nada tienen que ver con él, como por ejemplo, la de la valiente mangosta Rikki Tikki Tavi o Toomai el de los elefantes. Personajes emblemáticos de nuestra infancia como Baloo o Bagheera se revelan como caracteres muy distintos a las adaptaciones cinematográficas. Sólo por eso, ya valdría la pena la lectura. 

Kipling nació en la India aunque su educación fue estrictamente inglesa. Fue el primer británico en recibir el Nobel de Literatura en 1907. Y un laureado poeta y narrador en su época. En 1894 publicaba El libro de la selva, que es una de sus numerosas y aclamadas obras. Otro ejemplo más de que el s.XIX fue uno de los siglos más prolíficos y cualitativos en las letras. 

Rudyard Kipling, portavoz de los Pueblos de la Selva


Es posible que actualmente las teorías literarias post-colonialistas puedan tildar a este autor de vete-tú-a-saber (y mejor no saber). Fue declarado sin lugar a duda el escritor de Imperio por derecho, algo que siempre le agradó y que quizá ahora no tenga la plenitud de significado que en su momento. Sin embargo, su obra aporta gran información sobre la que él consideraba "una colonia más" del gran Imperio Británico. Y puede ser de gran interés para todos. Aunque ciertas costumbres relatadas en sus cuentos puedan parecernos cercanas a la barbarie (todo habrá que leerlo bajo el contexto adecuado), también es cierto que El libro de la selva ensalza valores de justicia, honestidad, compasión y honor mediante personajes antropomórficos en la mayoría de los casos. 

Así que obligada lectura. Ideal para prevenir la indiferencia y la apatía entre los jóvenes (creemos). Y para hacernos un poco más ricos de mente. Pero mucho cuidado con los Bandar-log, que no saben lo que quieren.  




27 may 2012

estados vacacionales y pista

Queridas hermanas, hermanos...

Debemos confesar sentir una relajación absoluta y tan oportuna que sin duda responde al hecho de tener vacaciones hasta el 11 de junio. Nos embarga la emoción y la alegría. Ahora entendemos el concepto de felicidad de los libros de Autoayuda. Nos sentimos libres. Afortunadas. Con ganas de jarana. 

Esperamos que eso nos dé la oportunidad de traeros más reseñas y otras adicciones con mayor asiduidad. 

Así que respondiendo a nuestro estado de ánimo, y como pista para nuestra próxima reseña...





¡Hagan sus apuestas! 

21 may 2012

La montaña de Einar Turkowski

Hoy vamos a confesaros una estupidez: la primera vez que nos fijamos en Einar Turkowski fue por ese parecido ortográfico con Tarkovski.

Punto y aparte. Seguro que es lo más chorra que habéis leído/escuchado esta semana (pero tranquilos, todavía es lunes).

Retomemos el hilo... 

Einar Turkowski tuvo una gran suerte: decidieron publicarle un proyecto académico que pasó a ser su primer álbum ilustrado (Estaba oscuro y sospechosamente tranquilo --- ¡¡queremos hincarle el diente ya!! Menudo titulazo...). No es algo que le suceda a todos los artistas, que se les reconozca casi antes de intentar hacerse un nombre. Pero también es cierto que no le hubiera pasado algo así si no tuviera algo de talento. Y de talento, nuestro Einar va sobrado. 

En abril llegaba a las librerías españolas La montaña, publicada por El Zorro Rojo. Es la historia de un temerario que se adentra en una montaña al parecer embrujada y de la que circulan mil y un rumores escabrosos. Muchos intentaron coronar la cima antes, pero ninguno regresó ileso; se decía que los que habían pasado por aquella experiencia nunca lograban recuperarse del todo y volvían trastocados mentalmente por lo vivido. El lector acompaña al protagonista, un hombre incrédulo y escéptico, en el ascenso y va sorteando junto a él los peligros que le depara la excursión. Nada más empezar el hombre se topa con una pregunta al pie de la montaña: "¿Sabes ver?". Es una montaña fantasmagórica que esconde multitud de secretos y cosas extrañas, como esa avenida llena de farolillos. Un lugar a rebosar de sorpresas. Y también un emplazamiento alegórico:la cuestión no sólo es sobrevivir a lo desconocido, ni siquiera conquistar la cima, sino aprovechar el camino para superarse a uno mismo y descubrir si somos capaces de mejorarnos. La montaña nos enfrenta a nuestros propios miedos y nos plantea el reto de cuestionarnos, de que nos atrevamos a dar un paso más allá de lo que habíamos dado hasta ahora. El ascenso como alegoría de madurar, crecer, o como mínimo, de encontrar nuevas ideas y retos. Lo curioso es que Turkowski decidiera que su personaje principal fuera un descreído, valiente ya de por sí, y al que suponemos un gran conocimiento de sí mismo; como bien dice, el único que no experimenta un cambio notorio tras pasar por la montaña. Nosotras nos preguntamos: ¿por qué un personaje que en principio no parece necesitar del aprendizaje ni querer demostrar nada? Posiblemente porque era el único curioso que no presentaba prejuicios y así podía fascinarse en su totalidad de la montaña. Una gran lección, si os interesa nuestra opinión. 

Einar, otro ilustrador de muy buen ver :) 


Einar Turkowski nos regala un escenario en blanco y negro atractivo y misterioso. Una tiene la necesidad de pasar las páginas a más velocidad para descubrir qué misterios se ocultan en las profundidades de la roca, y para saber si nuestro caminante también será engullido por la montaña o condenado a sufrir secuelas irremediables. Nosotras nos creímos los cuentos chinos y esperábamos un triste desenlace. Asimismo, también dota a sus ilustraciones de un toque "futurista" que se traduce en una naturaleza reinventada; hay páginas de absoluto lucimiento que demuestran que es un artista con gran inventiva (véase los 36 modelos de una misma roca). Aunque no deja de añadir toques pintorescos, como esos animales que recuerdan a las celebraciones del Nuevo Año chino. Extrañas combinaciones y un trazo preciso y minucioso resultan en un estilo que, si bien no apela demasiado a la imaginación de los más pequeños, hará las delicias de los adultos. Además de dejarnos con una imagen final estelar.




Un trabajo excelente. Nosotras seguiremos muy atentamente su trayectoria.




p.s: (c) de la traducción: Moka Seco Reeg. 

p.s.2: Vuestras palabras serán bien recibidas y muy celebradas ;) 




18 may 2012

El increíble niño comelibros de Oliver Jeffers

Advertencia: Somos muy fans de Oliver Jeffers. Cualquier tipo de objetividad es mínima a la hora de valorar su obra.

Pero por otro lado...

¿Acaso no es objetivo decir que El increíble niño comelibros es una historia simplemente brillante?



Enrique (Henry en el original) adoraba los libros. Hasta tal punto que un día empezó a comerlos. Fue de casualidad; al principio, sólo unas pocas páginas. Pero acabó por engullirlos. Le gustaban especialmente los libros de color rojo. Y como bien dice el autor lo mejor era que con cada libro, Enrique se hacía más listo. Un auténtico chollo. Hemos estado a punto de cambiar nuestra dieta.

Sin embargo, el idilio no podía durar eternamente. Algo dejó de funcionar. La información se hizo un batiburrillo en su cabeza y Enrique pasó a tener auténticas pesadillas, a sentirse enfermo. Hasta que su afición se hizo insostenible y perjudicial para su salud. Era abrir la boca y sólo era capaz de producir un galimatías.

¿Vosotros qué creéis que hizo?

A la 1...

las 2...

las 3...


¡¡Por supuesto!! ¿Qué iba a hacer? Dejó de comer los libros y pasó a leerlos. Este giro en la trama es lo que nos parece auténticamente brillante. Una historia original, con mucha gracia e ilustrada de forma deliciosa, que además, tiene una conclusión ideal para incitar a los niños a leer y dejar de hacer otras cosas.

Pero qué vamos a decir de las ilustraciones de Jeffers, si ya advertimos que no seríamos objetivas. Creemos que con este libro, el autor se superó a sí mismo. Pues es un álbum cuidado al detalle, no sólo la ilustración, sino la composición y tipografía. Por ejemplo, nos encanta la escena en que el guión pasa a inscribirse en los lomos de los libros que carga Enrique para devorarlos. Los colores de fondo. Que una punta de la portada tenga literalmente un bocado. Que sean dibujos sencillos, muy sencillos, pero tan efectistas, como ese tomo de Moby Dick en un plato junto a unas patatas fritas. 


Además, Oliver nos parece monísimo. 

Nosotras vamos a regalar el libro a un niño. A modo de inspiración.  Pero nadie debería perderse esta diversión. Esperamos que hagáis lo propio, que os lo autorregaléis. ¡Y cuidado! No vayáis a descubrir un nuevo hábito adictivo...

Os dejamos con el book-trailer:





p.S: Edita... Fondo de Cultura Económica. Traduce: Francisco Segovia. 


14 may 2012

Una tormenta inmóvil de Françoise Sagan

Cada vez que encuentro o se publica una nueva traducción de Françoise Sagan, lo celebro. Puedo decir sin lugar a dudas que es una de mis autoras favoritas. Podría dar un sinfín de motivos. El más elocuente: que describe como nadie los sentimientos, en especial, la tristeza, el pesar, el dolor. Y aun así, sería una defensa muy pobre de su prosa, que es bella y poética como ninguna sin resultar farragosa (¡y enhorabuena a los traductores!). Muchos se empeñan en tildarla de autora frívola, un poco por la vida de excesos y lujo y descontrol que llevaba, pero Sagan entendía como nadie el sentir humano. Y como nadie sabía meter el dedo en la llaga. Nada de lo que nos relata nos es ajeno en un momento dado. Aunque sus personajes suelan ser artistas, gente adinerada, o en el caso de Una tormenta inmóvil, nobles de principios del siglo XIX.

En Una tormenta inmóvil, desde la primera página, se nos advierte de que la historia es triste, sumamente triste: el narrador, Nicolas Lomont, se embarca en el relato de un desamor que le aconteció hace más de treinta años. Un amor no correspondido y desgarrador por Flora de Margelasse, una condesa que revoluciona la pequeña ciudad de Angulema. Ni que sea porque acaba entregando su amor a un campesino poeta. Desde el momento cero, el lector sabe de antemano que es una historia sobre el dolor, la desesperación y el desengaño del pobre Lomont, de su amor despreciado. Uno se pone de su parte y espera que en algún momento del relato haya un pequeño resquicio de esperanza, que Flora cambie de opinión, que pase alguna cosa más que miradas, frases corteses, buenos modales... Que haya un beso apasionado, que Lomont recuerde algo palpable de su relación con Flora. Pero cuando uno llega a la conclusión de que eso no va a ser posible, para más inri, Sagan añade la puñalada final: el destino desgraciado de la hermosa Flora y de la pareja que finalmente había elegido, Gildas de Caussinade.  

Así explicado, sólo parece haber una conclusión posible: sí, qué historia más triste, qué deprimente. Pero no. Cuando uno cierra el libro, sólo le queda en mente una descripción posible: qué bello, qué maravilla, qué bien narrado (y traducido). Sagan va de sentimiento en sentimiento, de escena en escena, sin dejarse nada en el tintero, con una maestría que se debe saborear. Es capaz de enganchar con tramas que en un principio nos pueden parecer especialmente manidas, sí, ¿otra vez un triángulo amoroso? Puede. Pero qué triángulo. Qué combinaciones. Qué prosa eficaz. Qué tema más sencillo, pero qué personajes más ricos e imperecederos. Qué ficción más realista. Sin importar si la década está bien documentada o no, si el escenario es apropiado o no, lo verdaderamente real es lo que siente Lomont. El comportamiento de Flora y del resto de secundarios. Y qué final, trepidante, sorprendente, tan Sagan. Sólo se me ocurren halagos y no bastaría para convenceros de que leáis Una tormenta inmóvil. Por eso, os dejo con una sola frase. Sencilla e inolvidable: 

(...) no les deseo más que una cosa: el olvido. Un olvido definitivo, un furioso olvido, un olvido de plomo tan aplastante como fue aquel primer verano, aún en la dulce provincia de Aquitania, de clima tan grato. 

Françoise de jovencita y abanderada de la Nouvelle Vague



(c) de la traducción: José Miguel González Marcén. Edita: Ático de Libros. 

p.s: Por favor, queremos más traducciones de nuestra admirada Sagan. Estamos cansadas de autores como Márquez, Ruiz Zafón y compañía. De colocarlos, no vayáis a pensar mal.