21 jun. 2012

Una bofetada al gusto del público de Vladimir Maiakovski

Me encanta comprar los libros por su concepto. Miento. Me encanta comprar los libros por su título, y por el concepto que se infiere. Y si encima le añadimos -por enésima vez- que es un clásico ruso, ¡perdón!, soviético, mejor que mejor. Por este motivo tan banal, y quizá estúpido, compré Una bofetada al gusto del público de Vladimir Maiakovski, editado por Mono Azul en noviembre de 2009.



El texto es la transcripción de dos conferencias que Maiakovski dio para "celebrar" su trayectoria y hacer más comprensible su visión sobre la función que debía tener la poesía en el nuevo Estado (también se llamaba así el manifiesto futurista que firmó en 1912 junto a otros poetas rusos, por si os apetece un poco de dato de trivial). Son dos discursos bastante incendiarios, en los que Maiakovski lanzó una serie de ideas que desmontaban el papel que hasta entonces había tenido el yo-poeta en la literatura rusa. No sorprende  saber que Maiakovski fue gran partidario del régimen comunista, así como uno de sus grandes difusores: junto a Ródchenko (we love him) formó una agencia de publicidad de la que saldrían un sinfín de eslóganes que pasaron a formar parte de la vida cotidiana soviética. Era, sin duda, un comunista convencido*. 

Maiakovski era un hombre que hablaba sin tapujos. De una gran conciencia social y con ganas de escribir por y para el proletariado, no sólo para alimentar su ego. Casi podríamos estar hablando de una función didáctica de la poesía, aunque no haya ninguna pretensión de divulgar o dar lecciones, sino de retratar la realidad obrera, de hablar del mundo conocido con un lenguaje asequible para todos. El poeta no puede resultar más claro:

(...) las dos líneas maestras de nuestro desafío: la dificultad de comprensión de la masa lectora, y la dificultad de escribir de manera que se entienda, acudiendo, aunque sin comprometer el tema, al lenguaje que hablan las masas. Estos son los principales retos a los que se enfrenta el escritor de hoy en día.

No sé qué os parece a vosotros, pero a mí me resulta tan vigente esta declaración... Se acerca mucho a lo que creo que debe ser un buen narrador: alguien capacitado para hacerse comprensible, con un lenguaje claro, actual, de la calle (sin que esto signifique vulgar u ordinario, ni tampoco simplista o demagogo). Algo que debería replantearse mucho posmoderno que anda por ahí suelto subordinando y adjetivando sin ton ni son. 

Maiakovski junto a Lily Brick, su amante y musa. Sí, él también tuvo musa. Qué si no... ¡era poeta!


En muchas ocasiones denostado por la crítica por emplear expresiones como "mierda" y otras vulgaridades (en apariencia), Maiakovski además aportó en estas conferencias una visión particular sobre los clásicos con la que estoy muy de acuerdo, y que en tantas ocasiones llegaron a malinterpretar. Algunos se empeñan en acusarlo de querer tirar por la borda a Pushkin o Tolstoi, pero como él mismo rebate:

(...) no es preciso exagerar. Dice un camarada que yo reniego de todos los clásicos. Nunca he dicho algo tan estúpido.

Tan sólo digo que ningún clásico conserva para siempre su carácter de vanguardia. Estudiadlos y amadlos pegados a la época en que vivieron.

Si hubiera presenciado aquel discurso, creo que me hubiera pasado media ponencia aplaudiendo. Esta idea casa muy bien con el concepto que expone sobre la accesibilidad del poeta: Pushkin tuvo su momento. No es que vaya a perder su valor, yo soy gran amante de los clásicos, pero uno no debe ni puede pretender perpetuar su estilo. Porque el lenguaje también queda desfasado, y tampoco hay ningún motivo que justifique que en el s.XXI sigamos apostando por la literatura que se hacía en otro tiempo. Uno debe escribir sobre su realidad, desde su realidad. Y ser consecuente con lo que le ha tocado vivir sin necesidad de optar por ninguna posición extrema**. 

En conclusión, os recomiendo esta exquisitez que será un capricho delicioso y revelador para vuestras mentes maltratadas por bestsellers mal escritos; horribles canciones poperas incrustadas en hilos musicales infernales; posmodernos que una y otra vez repiten lo mismo y cansan hasta morir; notificaciones de Facebook y cadenas de Whatsapp. Dejad que entre en vosotros Maiakovski, que os recuerde quiénes sois, obreros del mundo, reformados en mileuristas agotados, explotados, quemados. Dejaros seducir por el verdadero poeta de las masas. Por ése que te conquista con la verdad desnuda y amarga, cruda, sin edulcorar con florituras ni paja, ése que dice: 

Yo
   a la oreja
          con la palabra
                          no suelo acariciarla;


Maiakovski para el alma.

p.S: Edita Mono Azul. Diseño de portada de Ródchenko (¡yuhu!). Traducción: Ismael Filgueira.

*= que en 1930 decidió pegarse un tiro y dejó este mundo y la URSS sin conocer el horror estanilista. Uno casi se atrevería a decir que así fue mejor. A saber qué hubiera hecho Stalin con él. 

**= escribir como el culo y forrarse a costa de mancillar el buen nombre de la poesía y la literatura en general es una posición extrema que tan de moda está y tanto éxito cosecha. Las masas también se equivocan, me temo: Ruiz Zafón, Falcones, María Dueñas, etc. 

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Maiakovsky supone también una vision imperialista de acuerdo a su epoca, recordemos que vive durante la epoca anterior a la primera guerra mundial, una idea de reinterpretar lo constructivo de la sociedad modernas, veré si consigo esta obra ya que lo poco que se ve por internet no parece acariciar realmente la oreja... saludos

Anónimo dijo...

Hay que desmitificar las purgas estalininistas que las mezclan con la invasión nazi y los casi 25 millones de soviéticos que murieron para frenar al fascismo, calleron las y los más luchadores, estoy en contra del realismo socialista no le veo su fin aunque la intención fuera buena. con Stalin surgieron y se alimentaron otros artistas del pueblo como El Lissitistsky que en su medio sigue siendo vanguardia por lo que no le echemos la culpa a todo lo que el enemigo quiere y sepamos ver el contexto y situación sus victorias y miserias de las cuales la existencia de la URSS hicieron que las y los trabajadores pudieramos disfrutar del mal llamado estado del bienestar que hoy queda nada más que la sombra...
felicitaciones por recuperar a mayakovsky al que no reivindican por comunista convencido, me gustó encontrar blog como el tuyo.