29 may. 2012

El libro de la selva de Rudyard Kipling

He aquí un libro que me hubiera gustado leer cuando tenía diez o doce años. Pero por aquel entonces, ya me había entrado la fiebre del terror y la novela gótica, e incluso la afición por los vampiros bestsellieranos de Anne Rice (ahora, reniego bastante de ellos). Tardaría unos años en interesarme por novelas fantásticas como El señor de los anillos o La historia interminable. Algunos más por descubrir la ciencia ficción. Y me ha costado un cuarto de siglo llegar hasta la novela de aventuras (esto seguramente no es del todo cierto, pero por ponernos un pelín dramáticas). Lo que es peor aun: ¿por qué no había leído antes a Kipling, autor del que decía Borges que después de Shakespeare era el único inglés que usaba todo el diccionario al escribir? Misterios insondables, me temo.

Por eso, si todavía no lo habéis hecho, o tenéis a un adolescente cerca, os recomendamos El libro de la selva. A mi generación, que creció con la versión de Walt Disney, le sorprenderá -o quizá están más instruidos que yo- descubrir que es una recopilación de historias en la que, si bien es cierto que Mogwli es posiblemente el personaje principal, también se recogen las historias de otros habitantes de la Selva que nada tienen que ver con él, como por ejemplo, la de la valiente mangosta Rikki Tikki Tavi o Toomai el de los elefantes. Personajes emblemáticos de nuestra infancia como Baloo o Bagheera se revelan como caracteres muy distintos a las adaptaciones cinematográficas. Sólo por eso, ya valdría la pena la lectura. 

Kipling nació en la India aunque su educación fue estrictamente inglesa. Fue el primer británico en recibir el Nobel de Literatura en 1907. Y un laureado poeta y narrador en su época. En 1894 publicaba El libro de la selva, que es una de sus numerosas y aclamadas obras. Otro ejemplo más de que el s.XIX fue uno de los siglos más prolíficos y cualitativos en las letras. 

Rudyard Kipling, portavoz de los Pueblos de la Selva


Es posible que actualmente las teorías literarias post-colonialistas puedan tildar a este autor de vete-tú-a-saber (y mejor no saber). Fue declarado sin lugar a duda el escritor de Imperio por derecho, algo que siempre le agradó y que quizá ahora no tenga la plenitud de significado que en su momento. Sin embargo, su obra aporta gran información sobre la que él consideraba "una colonia más" del gran Imperio Británico. Y puede ser de gran interés para todos. Aunque ciertas costumbres relatadas en sus cuentos puedan parecernos cercanas a la barbarie (todo habrá que leerlo bajo el contexto adecuado), también es cierto que El libro de la selva ensalza valores de justicia, honestidad, compasión y honor mediante personajes antropomórficos en la mayoría de los casos. 

Así que obligada lectura. Ideal para prevenir la indiferencia y la apatía entre los jóvenes (creemos). Y para hacernos un poco más ricos de mente. Pero mucho cuidado con los Bandar-log, que no saben lo que quieren.  




27 may. 2012

estados vacacionales y pista

Queridas hermanas, hermanos...

Debemos confesar sentir una relajación absoluta y tan oportuna que sin duda responde al hecho de tener vacaciones hasta el 11 de junio. Nos embarga la emoción y la alegría. Ahora entendemos el concepto de felicidad de los libros de Autoayuda. Nos sentimos libres. Afortunadas. Con ganas de jarana. 

Esperamos que eso nos dé la oportunidad de traeros más reseñas y otras adicciones con mayor asiduidad. 

Así que respondiendo a nuestro estado de ánimo, y como pista para nuestra próxima reseña...





¡Hagan sus apuestas! 

21 may. 2012

La montaña de Einar Turkowski

Hoy vamos a confesaros una estupidez: la primera vez que nos fijamos en Einar Turkowski fue por ese parecido ortográfico con Tarkovski.

Punto y aparte. Seguro que es lo más chorra que habéis leído/escuchado esta semana (pero tranquilos, todavía es lunes).

Retomemos el hilo... 

Einar Turkowski tuvo una gran suerte: decidieron publicarle un proyecto académico que pasó a ser su primer álbum ilustrado (Estaba oscuro y sospechosamente tranquilo --- ¡¡queremos hincarle el diente ya!! Menudo titulazo...). No es algo que le suceda a todos los artistas, que se les reconozca casi antes de intentar hacerse un nombre. Pero también es cierto que no le hubiera pasado algo así si no tuviera algo de talento. Y de talento, nuestro Einar va sobrado. 

En abril llegaba a las librerías españolas La montaña, publicada por El Zorro Rojo. Es la historia de un temerario que se adentra en una montaña al parecer embrujada y de la que circulan mil y un rumores escabrosos. Muchos intentaron coronar la cima antes, pero ninguno regresó ileso; se decía que los que habían pasado por aquella experiencia nunca lograban recuperarse del todo y volvían trastocados mentalmente por lo vivido. El lector acompaña al protagonista, un hombre incrédulo y escéptico, en el ascenso y va sorteando junto a él los peligros que le depara la excursión. Nada más empezar el hombre se topa con una pregunta al pie de la montaña: "¿Sabes ver?". Es una montaña fantasmagórica que esconde multitud de secretos y cosas extrañas, como esa avenida llena de farolillos. Un lugar a rebosar de sorpresas. Y también un emplazamiento alegórico:la cuestión no sólo es sobrevivir a lo desconocido, ni siquiera conquistar la cima, sino aprovechar el camino para superarse a uno mismo y descubrir si somos capaces de mejorarnos. La montaña nos enfrenta a nuestros propios miedos y nos plantea el reto de cuestionarnos, de que nos atrevamos a dar un paso más allá de lo que habíamos dado hasta ahora. El ascenso como alegoría de madurar, crecer, o como mínimo, de encontrar nuevas ideas y retos. Lo curioso es que Turkowski decidiera que su personaje principal fuera un descreído, valiente ya de por sí, y al que suponemos un gran conocimiento de sí mismo; como bien dice, el único que no experimenta un cambio notorio tras pasar por la montaña. Nosotras nos preguntamos: ¿por qué un personaje que en principio no parece necesitar del aprendizaje ni querer demostrar nada? Posiblemente porque era el único curioso que no presentaba prejuicios y así podía fascinarse en su totalidad de la montaña. Una gran lección, si os interesa nuestra opinión. 

Einar, otro ilustrador de muy buen ver :) 


Einar Turkowski nos regala un escenario en blanco y negro atractivo y misterioso. Una tiene la necesidad de pasar las páginas a más velocidad para descubrir qué misterios se ocultan en las profundidades de la roca, y para saber si nuestro caminante también será engullido por la montaña o condenado a sufrir secuelas irremediables. Nosotras nos creímos los cuentos chinos y esperábamos un triste desenlace. Asimismo, también dota a sus ilustraciones de un toque "futurista" que se traduce en una naturaleza reinventada; hay páginas de absoluto lucimiento que demuestran que es un artista con gran inventiva (véase los 36 modelos de una misma roca). Aunque no deja de añadir toques pintorescos, como esos animales que recuerdan a las celebraciones del Nuevo Año chino. Extrañas combinaciones y un trazo preciso y minucioso resultan en un estilo que, si bien no apela demasiado a la imaginación de los más pequeños, hará las delicias de los adultos. Además de dejarnos con una imagen final estelar.




Un trabajo excelente. Nosotras seguiremos muy atentamente su trayectoria.




p.s: (c) de la traducción: Moka Seco Reeg. 

p.s.2: Vuestras palabras serán bien recibidas y muy celebradas ;) 




18 may. 2012

El increíble niño comelibros de Oliver Jeffers

Advertencia: Somos muy fans de Oliver Jeffers. Cualquier tipo de objetividad es mínima a la hora de valorar su obra.

Pero por otro lado...

¿Acaso no es objetivo decir que El increíble niño comelibros es una historia simplemente brillante?



Enrique (Henry en el original) adoraba los libros. Hasta tal punto que un día empezó a comerlos. Fue de casualidad; al principio, sólo unas pocas páginas. Pero acabó por engullirlos. Le gustaban especialmente los libros de color rojo. Y como bien dice el autor lo mejor era que con cada libro, Enrique se hacía más listo. Un auténtico chollo. Hemos estado a punto de cambiar nuestra dieta.

Sin embargo, el idilio no podía durar eternamente. Algo dejó de funcionar. La información se hizo un batiburrillo en su cabeza y Enrique pasó a tener auténticas pesadillas, a sentirse enfermo. Hasta que su afición se hizo insostenible y perjudicial para su salud. Era abrir la boca y sólo era capaz de producir un galimatías.

¿Vosotros qué creéis que hizo?

A la 1...

las 2...

las 3...


¡¡Por supuesto!! ¿Qué iba a hacer? Dejó de comer los libros y pasó a leerlos. Este giro en la trama es lo que nos parece auténticamente brillante. Una historia original, con mucha gracia e ilustrada de forma deliciosa, que además, tiene una conclusión ideal para incitar a los niños a leer y dejar de hacer otras cosas.

Pero qué vamos a decir de las ilustraciones de Jeffers, si ya advertimos que no seríamos objetivas. Creemos que con este libro, el autor se superó a sí mismo. Pues es un álbum cuidado al detalle, no sólo la ilustración, sino la composición y tipografía. Por ejemplo, nos encanta la escena en que el guión pasa a inscribirse en los lomos de los libros que carga Enrique para devorarlos. Los colores de fondo. Que una punta de la portada tenga literalmente un bocado. Que sean dibujos sencillos, muy sencillos, pero tan efectistas, como ese tomo de Moby Dick en un plato junto a unas patatas fritas. 


Además, Oliver nos parece monísimo. 

Nosotras vamos a regalar el libro a un niño. A modo de inspiración.  Pero nadie debería perderse esta diversión. Esperamos que hagáis lo propio, que os lo autorregaléis. ¡Y cuidado! No vayáis a descubrir un nuevo hábito adictivo...

Os dejamos con el book-trailer:





p.S: Edita... Fondo de Cultura Económica. Traduce: Francisco Segovia. 


14 may. 2012

Una tormenta inmóvil de Françoise Sagan

Cada vez que encuentro o se publica una nueva traducción de Françoise Sagan, lo celebro. Puedo decir sin lugar a dudas que es una de mis autoras favoritas. Podría dar un sinfín de motivos. El más elocuente: que describe como nadie los sentimientos, en especial, la tristeza, el pesar, el dolor. Y aun así, sería una defensa muy pobre de su prosa, que es bella y poética como ninguna sin resultar farragosa (¡y enhorabuena a los traductores!). Muchos se empeñan en tildarla de autora frívola, un poco por la vida de excesos y lujo y descontrol que llevaba, pero Sagan entendía como nadie el sentir humano. Y como nadie sabía meter el dedo en la llaga. Nada de lo que nos relata nos es ajeno en un momento dado. Aunque sus personajes suelan ser artistas, gente adinerada, o en el caso de Una tormenta inmóvil, nobles de principios del siglo XIX.

En Una tormenta inmóvil, desde la primera página, se nos advierte de que la historia es triste, sumamente triste: el narrador, Nicolas Lomont, se embarca en el relato de un desamor que le aconteció hace más de treinta años. Un amor no correspondido y desgarrador por Flora de Margelasse, una condesa que revoluciona la pequeña ciudad de Angulema. Ni que sea porque acaba entregando su amor a un campesino poeta. Desde el momento cero, el lector sabe de antemano que es una historia sobre el dolor, la desesperación y el desengaño del pobre Lomont, de su amor despreciado. Uno se pone de su parte y espera que en algún momento del relato haya un pequeño resquicio de esperanza, que Flora cambie de opinión, que pase alguna cosa más que miradas, frases corteses, buenos modales... Que haya un beso apasionado, que Lomont recuerde algo palpable de su relación con Flora. Pero cuando uno llega a la conclusión de que eso no va a ser posible, para más inri, Sagan añade la puñalada final: el destino desgraciado de la hermosa Flora y de la pareja que finalmente había elegido, Gildas de Caussinade.  

Así explicado, sólo parece haber una conclusión posible: sí, qué historia más triste, qué deprimente. Pero no. Cuando uno cierra el libro, sólo le queda en mente una descripción posible: qué bello, qué maravilla, qué bien narrado (y traducido). Sagan va de sentimiento en sentimiento, de escena en escena, sin dejarse nada en el tintero, con una maestría que se debe saborear. Es capaz de enganchar con tramas que en un principio nos pueden parecer especialmente manidas, sí, ¿otra vez un triángulo amoroso? Puede. Pero qué triángulo. Qué combinaciones. Qué prosa eficaz. Qué tema más sencillo, pero qué personajes más ricos e imperecederos. Qué ficción más realista. Sin importar si la década está bien documentada o no, si el escenario es apropiado o no, lo verdaderamente real es lo que siente Lomont. El comportamiento de Flora y del resto de secundarios. Y qué final, trepidante, sorprendente, tan Sagan. Sólo se me ocurren halagos y no bastaría para convenceros de que leáis Una tormenta inmóvil. Por eso, os dejo con una sola frase. Sencilla e inolvidable: 

(...) no les deseo más que una cosa: el olvido. Un olvido definitivo, un furioso olvido, un olvido de plomo tan aplastante como fue aquel primer verano, aún en la dulce provincia de Aquitania, de clima tan grato. 

Françoise de jovencita y abanderada de la Nouvelle Vague



(c) de la traducción: José Miguel González Marcén. Edita: Ático de Libros. 

p.s: Por favor, queremos más traducciones de nuestra admirada Sagan. Estamos cansadas de autores como Márquez, Ruiz Zafón y compañía. De colocarlos, no vayáis a pensar mal. 

10 may. 2012

Sendak. Roldán. Breve nota.

Desde este pequeño espacio quisiéramos hacernos eco de una noticia que entristece a todo amante del cuento ilustrado: Maurice Sendak ha fallecido a la edad de 83 años. 

Su legado será inmortal.

Mala primavera para los cuentistas... Hace apenas un mes también nos dejó Gustavo Roldán.

Aunque sólo seamos un pequeño reducto de cuentistas adictos a la ilustración y las buenas historias, insignificante quizá, próximamente les dedicaremos la correspondiente entrada -tal homenaje- a ambos autores.

R.I.P. 

Críctor de Tomi Ungerer

Tomi Ungerer es uno de esos nombres que uno debe conocer si le gustan de verdad los álbumes ilustrados. Aunque  los libros para niños es una de sus múltiples facetas como artista, pues también ha publicado obras para adultos, especialmente satíricas; y es un afamado activista: en contra del maltrato animal y, en su momento, en contra de la guerra del Vietnam. Carteles, esculturas, publicidad... Todo un todoterreno. Y todavía en activo (lo que tiene mérito, teniendo en cuenta que nació en los años 30). Posiblemente sus obras más conocidas sean Los tres bandidos y Otto, la biografía de un osito de peluche. Pero nosotras hemos venido a hablar de Críctor, una obra que nos llamó muy especialmente la atención por su composición cromática: un único color a juego con el blanco y negro, con un toque de rosado aquí y allá: el verde, serpentino; verde constrictor. 


Críctor es una obra ambientada a finales del siglo XIX en una pequeña ciudad francesa. Y es la historia de una relación de amistad/amor/admiración entre una mascota y su dueña; esa relación especial que sólo puedes tener con tu mejor amigo, la de cuidarse y protegerse mutuamente, y combatir así la soledad: la de Críctor, una boa constrictor, y Madame Louise Bodot, una vieja profesora.


Críctor nació en África; el hijo de la señora Bodot, naturalista que siente verdadera pasión por los reptiles, se la manda por su cumpleaños como regalo. Tras el susto inicial, Madame Bodot pronto descubre que su boa no es sólo un animal de compañía, que tiene una inteligencia y unas habilidades incomparables: Críctor la acompaña de compras; es capaz de formar los números y las letras con su cuerpo; se convierte en tobogán para los niños, en comba para las niñas. Y con el tiempo, en heroína para la pequeña ciudad francesa que la venera por atrapar a un malvado ladrón que lleva tiempo desvalijando los hogares de la comunidad. 


Lo más importante es que Críctor es una oda a la relación que un ser humano puede llegar a desarrollar con un animal. Algo que a veces tan imposible resulta entre los seres humanos: una relación de lealtad y amor incondicionales y sinceros. Además, estéticamente, consideramos que es una de las mejores obras de Ungerer, pero claro, nosotras tenemos una tendencia casi obsesiva con el color verde. Y a las imágenes deliciosas: como la de una boa haciendo de atril para su ama, o tumbada en una cama ultralarga. Son cosas que no se pueden dejar de ver esta vida. 


Muy muy muy recomendadísimo. 




p.s: Detalles técnicos... Edita: Kalandraka (de verdad, es pura y sincera admiración, no recibimos ninguna comisión por recomendar sus libros). Traduce: Sílvia Pérez Tato.


p.s.2: Tomi Ungerer se ha ganado nuestro corazón con su web. Por fin un autor en cuya página hay información minuciosa sobre sus andanzas. A veces, parece que los ilustradores y escritores de literatura infantil casi ni existan. De vez en cuando publican, pero ya. Os animamos a visitarla: http://www.tomiungerer.com/

Y recordad... ¡¡Siempre volvemos!! Vuestros mensajes nos animan a continuar. Y todavía esperamos vuestras recomendaciones ;) 







3 may. 2012

Nublado con probabilidades de albóndigas de Judi & Ron Barrett


En casa no hay pregunta más fastidiosa que la siguiente: ¿qué hay para comer hoy? Seguida muy de cerca del ¿qué vamos a cenar? Y es que hay momentos de irritación máxima en el que casi te da vergüenza cualquier mención al hecho de cocinar, de pensar siquiera en abrir el congelador. Por eso, declaro de forma oficial y universal, e imponderable, que Judi Barrett es mi heroína número uno y la creadora de la verdadera panacea: el pueblo de Tragaycome. Por favor, ¿alguna compañía low cost que nos deje cerca?


Nublado con probabilidades de albóndigas empieza con un desayuno la mar de cotidiano y americano: el abuelo prepara tortitas mientras a la mesa se hacen apuestas de cuántas se van a comer. Hasta que una sale disparada y aterriza en la cara de Henry. Hecho que propicia que el abuelo recuerde la historia de Tragaycome: un pequeño pueblo donde la gente no se preocupa por lo que va a comer, ni por si lloverá o nevará mañana, pues tiene un tiempo y un clima totalmente especiales y únicos: del cielo caen el desayuno, la comida y la cena del día. No llueve agua, sino sopa o zumo; el viento no trae nubes, sino oleadas de hamburguesas, salchichas y otras delicias. Y de forma puntual, el clima cambia tres veces al día, así que todos viven muy bien alimentados y son sumamente felices. No existen tiendas de comestibles ni supermercados en Tragaycome. Ni nadie se pregunta qué comerán; cuando lo quieren saber, enchufan la tele a ver qué dice el hombre del tiempo. O sale a la calle, o visita el restaurante Sin Techo. Y nunca salen de casa sin llevar algún cubierto o plato. 


Ahora es cuando todos gritamos...




¡¡¡¡¡¡VÁMONOS A TRAGAYCOME!!!!!!


Fin de la reseña para ti si eres una persona sensible. Porque sí, el cuento tiene una segunda parte un tanto triste. Apocalíptica, casi distópica; ¿a que no esperabais un cuento de ciencia ficción? Desgraciadamente, un día sin razón alguna, el clima decide empeorar. Ahora caen tortitas tan gigantes como para inhabilitar la escuela y otros negocios. Enormes panecillos cuan lluvia de meteoritos. Pasta a tutiplén como para inundar las calles de Tragaycome, o un tornado de tomate, que es lo peor que se ha visto nunca. Así que los valientes habitantes de Tragaycome deciden hacerse a la mar en busca de una nueva tierra prometida. Lamentándolo mucho. Y digo valientes porque se embarcan en trozos de pan de molde con velas de tranchete. Eso...¡o la muerte por indigestión monstruosa! 





En una palabra: s-u-b-l-i-m-e.


Por favor, os rogamos encarecidamente la adquisición de este clásico de 1978 que ahora recupera la editorial Corimbo. Porque si la historia de Judi Barrett es maravillosa, la ilustraciones de su entonces marido, Ron Barrett, son prodigiosas. Este experimentado ilustrador otorga al cuento un sinfín de detalles implícitos que hacen que Tragaycome cobre vida. Que uno se vea por sus calles yendo al cine Rialto y tenga que sacar el plato del bolso porque se acerca una nube de tostadas y huevos fritos. El repertorio de personajes que crea para escenificar la vida de este pueblo insólito es imposible de resumir en unas pocas líneas. La comunidad de Tragaycome existe. Su estilo se acerca al tebeo de toda la vida. Y uno sólo puede acabar diciendo: pero qué gran década que fueron los 70. Cuántos artistas maravillosos. Qué grandes ideas. Cuánta buena música, y libros, e imágenes. 


Nublado con probabilidades de albóndigas es un álbum ilustrado de 10 (porque no le podemos dar un 118391031). Una idea brillante, que no ha envejecido en absoluto. Y lo mismo se puede decir de sus ilustraciones. Qué feliz seríamos todos en Tragaycome. Lo dicho, una utopía. 


Cielo despejado. Se avista una horneada de...





p.s: Datos técnicos. Edita, sí, Corimbo. Y traduce: Macarena Salas. Y si tenéis la oportunidad de leerlo en original, se puede conseguir en paperback por menos de 6 euros (visiten The Book Depository).