24 jul. 2012

El ángel travieso de Ignacio Sanz & Noemí Villamuza

Con Noemí Villamuza nos pasa una cosa inevitable: nos fascina, nos quedamos embobadas, con esa capacidad de acabar una ilustración conservando el "boceto". Por supuesto, es una técnica bien estudiada, aunque le dé al dibujo un cierto toque de "inacabado", que hace fácilmente reconocible los trabajos de la autora. Seguro que no es la única que se acoge a este recurso, pero aquí no defenderemos la originalidad por encima del trabajo bien hecho.

Dicho esto, pasemos a la historia que nos ocupa...

Alejandro es un niño que disfruta tirándole bolas de nieve al ángel de piedra de la casona antes de ir a la escuela. Un chiquillo un poco malote. Sin embargo, el día que el ángel desaparece consigue extender una epidemia de preocupación: ¿dónde estará la mayor atracción turística del pueblo, su símbolo, su estandarte de piedra? Poco a poco, todo el pueblo se vuelca en una búsqueda que nada tiene que envidiar a las del CSI. Niños, adultos, dirigentes, mayores, absolutamente todos, peinan el pueblo y los bosques circundantes en busca del ángel. En vano. Porque el ángel ha sabido esconderse muy bien y SPOILER está esperando en su habitación a una niño que le hace la vida imposible para ajustar algunas cuentas pendientes (sin malos rollos ni venganzas, que esto es un cuento para niños al fin y al cabo).

Ignacio Sanz estudió Sociología y dedica su vida a la artesanía, a la escritura, a la crítica literaria (véase La tormenta en un vaso) y a diversas actividades socioculturales. En este cuento expone básicamente dos rasgos de la sociedad bien opuestos: primero, que en realidad creemos muy poco de lo que nos dicen los demás -al principio, nadie logra creer que el ángel haya escapado cuando se lo cuentan, aunque se les asegure que varias personas lo han comprobado con sus propios ojos; y segundo, que la sociedad debe cuidar de sí misma, que como pueblo debemos ayudarnos y he ahí la belleza de la búsqueda del ángel, en la que participan todos. Y eso es lo importante, lo que hace que el cuento culmine de forma esperanzadora, hermosa: no todo está perdido. Mientras seamos capaces de tener conciencia social, todavía tendremos una mínima esperanza. Su lectura me viene de perlas en un momento en el que estoy empezando a perder la fe en nuestra comunidad. Y como en el pueblo del ángel travieso quiero creer -hoy ni que sea- que al final encontraremos una razón por la que sentirnos unidos y buscar una salida, una solución (OFF TOPIC: cuando todo el mundo habla de luchar, creemos que lo importante sería buscar, encontrar la solución, además de defendernos. No pelear con las manos vacías).

En resumen, Narval vuelve a demostrar que su labor editorial es exquisita. No publicará betsellers, ni en grandes cantidades, pero sí pequeñas joyas como El ángel travieso. Uno se sumerge en sus páginas ocres, rosadas, verde pálido, en tonos un tanto vintage y piensa y sueña que somos una pequeña familia preocupados los unos por los otros. Y es un gustazo. Que aprendemos y rectificamos. Como Alejandro, que al final, hizo del ángel un buen amigo.