11 ago. 2012

nuestros señores padres del siglo XXI

Gritar cuando el pelo de la cabeza se cuela entre las piernas. Gritar tan fuerte que el eco traspase los confines de la Vía Láctea y todos los animales del bosque deseen huir del peligro. Y aun así, que la trenza insista en fecundarte, obscena.

De esta forma Coleada se transformó en un orondo chimpancé de mirada triste y pelaje lustroso. Ella siempre había sido una chica presumida. De hecho, se veía un ejemplar excepcional: limpio, de pelo sedoso; olía bien. Una rareza animal en cuanto a hábitos higiénicos se refiere.

Su padres nunca lograron aceptar esta transmutación. A los seis meses de oír a su hija predilecta repetir este galimatías sin parar, la vendieron al zoo de Chicago. Luego decidieron superarlo en un crucero a las Barbados.