27 dic. 2011

Salmo y otros cuentos inéditos de Mijaíl Bulgákov

Con vuestro permiso, pero es que esta vez no nos queda otra, entendedlo, no podemos evitar hablar de él, ni queremos; nuestro héroe personal e inagotable fuente de inspiración: Mijaíl Bulgákov, siempre un maestro. Aunque en esta ocasión, como ya se anuncia en el prólogo, sin su afamada Margarita. 

En su momento, celebramos de todo corazón el nacimiento de Nevsky Prospects, editorial cuyo propósito principal es dar a conocer obras en ruso hasta ahora inéditas en español. En febrero publicaron Salmo y otros cuentos inéditos, compendio que he acabado recientemente y, queridos hermanos,  como siempre tras acabar de leer a Bulgákov, me he sentido de tal forma satisfecha que tenía que haceros partícipes. 

Salmo es un recopilatorio de nueve cuentos escritos entre 1923 y 1926 que retrata la URSS de esa década, previa a las nefastas purgas estanilistas. Sin pretender convertirse en una crítica despechada, a pesar del ostracismo al que se vio sometido, Bulgákov logra representar lo absurdo de algunas de las disposiciones y "mejoras" del Moscú soviético, y se convierte en cronista de  esa realidad que el régimen deseaba ocultar: el problema de la repartición de la vivienda y el intrusismo desmedido del Estado en la vida privada de las personas. Nos topamos con personajes hacinados en pisos patera (aunque entonces no existiera el término), que ven cómo el Estado les arrebata su intimidad. Personajes obligados a rendir cuentas a sus camaradas; de los que la administración dispone a su antojo, y ahora los manda a Crimea para luego trasladarlos a Siberia. Se retratan las incoherencias y contradicciones de la burocracia rusa, un mal que parece inmortal; la pasión de los rusos por el vodka, y los organismos estatales de control, que en esa etapa de la NEP ahora recordada con cierta benevolencia por lo que había de llegar después, se demuestran exagerados, absurdos; sin querer, o al menos en apariencia, Bulgákov acaba por poner al sistema en ridículo. No obstante, no se desprende ni cinismo, ni el deseo de denunciar la injusticia. Bulgákov únicamente se fija en el detalle que uno no se molestaría en analizar, lo que queda tras la carcasa del camarada y el héroe soviético: la persona, sin aditivos. 


E incluso se atreve con personajes inverosímiles para un escritor socialista: por ejemplo, monárquicos y aristócratas en El fuego del Jan, un cuento protagonizado por un viejo príncipe al que le han arrebatado su hogar y condenado al exilio para convertir su palacio en museo. Pero sin tratar al aristócrata de enemigo, sin juzgar, sino demostrando que él también es un hombre a merced de las circunstancias. Nuestro amado Bulgákov demuestra una sensibilidad demasiado elevada hacia la historia personal del individuo, lo que lo convirtió irrevocablemente en un peligro que la censura no estuvo dispuesta a admitir. Se pasó la vida escribiendo para que no le dejaran publicar, pero sin perder la tesón. Queda mucho por reivindicar. 


Que no os coja por sorpresa, hermanos, nos va lo ruso hasta la saciedad. Y al final, a lo ruso se acostumbra uno. De tal forma que cada vez que acometemos una nueva traducción (la presente, de Raquel Marqués), creemos encontrar guiños, tics y manías que sólo pueden ser rusas, que ya hemos visto, leído, que siguen arrancándonos esa sonrisa y aumentando la rusofilia, enfermedad crónica, os lo aseguramos. Es leer a Bulgákov y pensar "es un claro heredero de Gogol". Es un escritor clásico en cuanto el oficio, pero que no ha perdido frescura. Es, una vez más, el alma rusa


Dentro de la selección de cuentos, que nos parece fantástica, pero qué vamos a decir, nos quedamos con Un tipo abominable, El fuego del Jan y Una historia de diamantes. Por destacar los que más nos han gustado. Pero se hará difícil que esta obra no os satisfaga. Si por el contrario os aburrís, por favor, poneros en manos de un especialista. Seguramente se trate de una afección cardíaca. Quizá deberíais visitar Crimea. O mejor, pasaros por el casino. Pero no se lo contéis a nadie. Os están vigilando. Recelad si os cogen del brazo y os espetan "camarada, acompáñeme". 

¿Por qué esta vida es tan extraña y desagradable?
Por un solo motivo: la estrechez. Es un hecho que en Moscú se vive con apreturas.  
¿Qué podemos hacer? Sólo puede hacerse una cosa: aplicar mi proyecto.  
Este proyecto se resume en lo siguiente: hay que reconstruir Moscú.

Bulgákov para el alma.


Nosotras nos hubiéramos querido casar con él
                   

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