25 abr. 2012

Los libros tienen resaca

En primer lugar, quiero dar las gracias a todos aquellos -conocidos y no- que el lunes pasado tuvisteis paciencia. Y aguantasteis la cola, tanto para pagar como para que os atendieran. Que no os enfadasteis porque se había terminado una cosa, o porque no supimos encontrarla. Y que, además de todo eso, nos disteis la gracias por nuestra ayuda y nos dedicasteis un "muy amable". Aquellos a los que les solucionamos el regalo, o nos hicisteis caso al llevaros una cosa porque os la recomendamos haciéndonos libreros un poquito más orgullosos (sí, es nuestro ego librero, qué queréis). De todo corazón, gracias. A vosotros, va, os puedo perdonar esto...


Pero al resto de desagradecidos y maleducados, no. Al resto de ciudadanos que por Sant Jordi decidieron que tirar una cosa encima de otra, al suelo, o abandonarla en cualquier parte era aceptable, sí se lo voy a tener en cuenta. Porque veréis, creo que es mi obligación denunciar este hecho, que también es un reflejo muy feo de nuestra conciencia social. Os pregunto, ¿pero no os da vergüenza? ¿O pensáis que los libros volverán a su sitio por su propio pie? 

Veréis... Es cierto que mi trabajo es ordenar, recoger, atender, colocar, etc. Todos los días. No pasa nada si no recordáis de dónde sacasteis una cosa, o si me preguntáis por el libro rojo-grande-nuevo-que-ha-salido-ahora. Es mi trabajo, e intentaré hacerlo lo mejor posible, para que os vayáis contentos y yo también. Y nuestra relación sea satisfactoria. Pues alguien tiene que hacerlo. Y el librero es afortunado en una cosa: por lo general, es un amante de los libros y no le asusta ni le incomoda rodearse de ellos, ni de otros amantes de libros. Que vengan a miles. Me gusta mi trabajo a pesar de todo. No se dará en las mejores condiciones de contrato; no me pertenece nada; trabajo seis días a la semana; soy una subordinada más; me aprietan las tuercas como a todos vosotros, pero yo estoy tranquila, porque intento hacer las cosas lo mejor posible, y eso te deja muy tranquila. Y lo bueno es que los libreros no son de por sí vengativos:  no vamos a vuestra oficina a tiraros la pila de faxes al suelo, ni a vuestra a casa a coger vuestra ropa y dejárosla en la cocina. Ni mucho menos os cogemos del brazo por la calle y os exigimos cosas de muy malas maneras. Es muy desagradable que tu igual te diga: me parece inaceptable que patatín, patatán, que me hagas esperar, ¿y ahora tengo que hacer toda esta cola yo? Yo. Ese siempre es nuestro problema, y enemigo: yo, yo, yo, yo... ¿Y qué hay de ponerse en la piel de los demás? Los hay que lo hacen, sí. Pero lamentablemente la proporción de gente que sabe empatizar versus a individualistas que ni siquiera se molestan en disimular está muy descompensada.  

Entiendo que el descuento del 10% pone nervioso a cualquiera; que Sant Jordi es un día para estar eufórico... Pero, por favor, el año que viene recordadlo: una persona tiene dos manos y un par de orejas. Uno debe esperar su turno. Uno tiene derecho a resoplar si la cola es de más de 40 minutos, pero no tiene culpa el empleado que está sudando y que ese día va a pasar catorce horas de pie tras un mostrador o corriendo de aquí para allá para ayudaros. Que trabaja lo más rápidamente posible, que os atiende amablemente y aunque esté cansado, sean las 10 de la mañana o las 5 de la tarde, o las 9 y media de la noche, cuando ya supuestamente se ha acabado su jornada. Y recordad especialmente que la servidumbre se extinguió mucho antes de que naciéramos; que no tenemos derecho a maltratar verbalmente a los demás -y esto no sólo se refleja en los insultos, hay muchas formas de maltratar- porque no hemos sido previsores, porque estamos también cansados, tenemos prisa o porque hemos tenido un mal día, y porque no se nos ocurre otra cosa que hacer con nuestras frustraciones que pasárselas a los demás. Eso no es justo (y eso que a mí no me gusta dar lecciones morales). 

Que los libreros a veces no lo parecemos, pero también somos personas. Aunque seamos de cadena y con chaleco. Y necesarias. Creedme.

Gracias.

Y recordad... ESTO NO SE DEBE VOLVER A REPETIR (sé que al que no es librero no le duele quizá, pero insisto):

Esos huecos no sólo se deben a las ventas. Libros que habían sido arrancados de sus estanterías y  trasladados de país/sección brutalmente


Los libros siguen teniendo resaca aunque ya van recuperándose... 






3 comentarios:

san dijo...

I a pesar de todo este maltrato por porte de los desagracidos,,,,,,,,señores i señoras Libreras, KE SATISFACTORIO ES PODER DORMIR TRANQUILO!!!!!

Uriah dijo...

me alegro de ver que trabajas de librera...qué si no? toda una experta al servicio del arte de mimar cubiertas y paginas llenas de historias y secretos. Salud y un vodka con naranja para ti.

Musa dijo...

San, desde luego. Dormir tranquilo es una total satisfacción.

Gracias, Uriah. Espero que tú también hayas encontrado/estés haciendo lo que te gusta.